Junta Histórica

La casa donde nacen los sueños

Anochece en Liniers y lo brilla el Fortín en el horizonte.

Hoy se celebra el 70° Aniversario de la inauguración del hoy Estadio José Amalfitani. La obra cumbre supervisada por quien años más tarde le daría su nombre para la eternidad. El lugar donde la gloria y el orgullo se bañan de cemento.

En los inicios del año 1949, la principal preocupación de la Comisión Directiva era la construcción del gran estadio de hormigón armado y lo que faltaba para concretar la escrituración de los terrenos de Barragán y Gaona. La inflación monetaria que llevaba a terrenos casi imposibles los costos de los materiales, el traspaso de los ferrocarriles al estado que frenó la escritura de los terrenos; como también la escasez de cemento que estiraba los plazos de concreción de la obra. Todas y cada una de estas piedras en el zapato, de estos palos en la rueda encontraron la habilidad y el ingenio vestido de paciencia de los dirigentes para poder cumplir ese objetivo trazado.

Así fue que se obtuvo la ampliación del crédito en una muy buena cifra. El 13 de junio se escrituró la posesión del predio y apareció el cemento suficiente para continuar la obra. En diciembre del 49, Geopé entregó terminada con sus respectivos codos la tribuna popular Este; mientras continuaba la construcción de la tribuna popular Sud, siempre cada obra supervisada por Don Pepe Amalfitani.

Poco menos de dos años bastaron para concretar ese sueño, esa "dura" (en la más hermosa de las expresiones de esa palabra debida al cemento) realidad que se edificó en Liniers. La seguridad para todos los socios de ese momento y los que vendrían con los años de la pertenencia de una casa, de un hogar, como los anteriores, pero bien distinto. Una verdadera Mole de Cemento. Una obra lograda con el sudor del sacrificio laboral, sentimental y monetario, de dejar de lado la ambición deportiva con el arribo de jugadores de gran renombre para darle lugar a la pertenencia. 

Pero nada concluía con la concreción de esas tan importantes construcciones. Se necesitaba continuar ese camino trazado para completar con más obras las que ya relucían y también poner en marcha nuevos proyectos que también brindaran apoyo desde lo económico a un club, a una institución que crecía a pasos agigantados. Así se amplió un gran sector de plateas, la edificación de palcos y vestuarios, como así también las obras sanitarias y de instalaciones eléctricas. Como también las nuevas boleterías para abastecer de sus tickets a la gran demanda de aficionados en cada encuentro.

Tiempos de edificación de una obra maestra. El Fortín se hacía cada vez más indestructible.

El 22 de Abril de 1951 ese sueño se convirtió en realidad. Ese día abrió sus puertas el nuevo estadio de cemento en un partido en donde el Fortín superó a Huracán con 2 goles del puntero derecho Raúl Carmen Nápoli. De la antigua estructura se conservó el sector de plateas (modificado en el año siguiente) para empalmar con el codo de la tribuna popular Oeste.

Sin efectuar una campaña exitosa, Vélez pudo cumplir sus actuaciones verdaderamente como local en su propio estadio. En casa, esa temporada igualó con Boca 1 a 1; goleó a Atlanta 6 a 4 y disputó otro vibrante encuentro ante River que debío haber ganado de no haberse lesionado inesperadamente su arquero, el mítico Miguel Rugilo. Cayó ante Independiente por 4 a 3; venció a Gimnasia LP por 4 a 1; triunfo ante San Lorenzo 2 a 1; empate amargo ante Racing 1 a 1. En la penúltima fecha se igualó en casa con Estudiantes 3 a 3. Así se llegó al final del torneo con un Vélez en el octavo puesto y cerrando contra Racing el 1° de Noviembre donde se inauguró un codo de la tribuna.

No decayó en lo sucesivo el ritmo de los trabajos, ello a pesar de las continuas oscilaciones que sufría la economía del país con sus permanentes períodos inflacionarios, lo que hacía muy difícil establecer un plan de inversiones previsibles. No obstante, se construyó el salón bajo Oeste y la confitería, ambos con las instalaciones sanitarias correspondientes, y en sus adyacencias se extendió un amplio solado destinado a prácticas sociales y deportivas.

Los años posteriores a aquella fecha llevan impresos en el cemento de esas gradas los cambios de los tiempos cada vez más modernos hasta el lujo de escenario que más que un campo de fútbol, tiene la impronta de un teatro de gala. La gloria aferrada a sus paredes de concreto y siendo uno de los estadios mayores de la República Argentina, lo erigen como una verdadera obra arquitectónica de gran valor histórico.

Las crónicas de ese partido inaugural, elogiaron más el acontecimiento arquitectónico que el acto deportivo. Había quedado demostrado otra vez, (coincidían los medios) que la voluntad de los dirigentes velezanos era tan sólida como las finanzas del club. Esa Mole de Cemento, era el fiel testimonio.

Una postal del recuerdo, de nuestra casa.