Fútbol

Maravilla, Ricky

Por Carlos Martino

Ricky Álvarez volvió a Vélez y en tan solo un puñado de encuentros, ya dejó ver pinceladas de su calidad en su botín zurdo y el semblante de un jugador maduro, experimentado, que aportará mucho al equipo.

“Volver, que ganas de volver”, rezaba la letra de la cortina de una tira televisiva compuesta por un afamado cantautor criado en Valentín Alsina y desarrollado en la lejana Maracaibo. Seguramente, parte de esas estrofas entonó inconscientemente este hombre ya de 31 años, que pegó la vuelta a su hogar, tras conocer el mundo.

Fueron nueve los años en los que corrió detrás del balón en el fútbol europeo y probó suerte en tierras mexicanas. Un tiempo necesario y lógico, con un Mundial en el medio. Toda ganancia.

Ricardo Gabriel Álvarez llegó al fútbol grande de Vélez en pleno comienzo de la segunda etapa más gloriosa del club, la comandada por Ricardo Gareca.

Ricky debutó un año antes. Fue en el Clausura 2008, cuando Hugo Tocalli le dio juego reemplazando a Víctor Zapata en un empate sin goles ante Independiente. Como a todo juvenil que alcanza primera, aquellos primeros años no fueron de continuidad, pero fueron fructíferos. Un temporada más tarde daba la vuelta olímpica en el Clausura con el equipazo del Tigre en la recordada y celebrada final ante Huracán. El volante grabó su nombre en el trofeo doméstico por ese puñado de minutos que disputó ante Gimnasia de Jujuy, en el triunfo velezano. Con la 29 en su espalda, volvió a reemplazar al Chapa.

Los tiempos venideros fueron para ganarse un lugar. Ese 29 en su camiseta se transformó en un 11, señal de la importancia que iba ganando al compás de su elegante zurda. En 2010, dio el gran salto. Sus actuaciones acompañadas por goles le dieron el complemento de Maravilla a su apodo, haciendo ese juego de palabras con el cantante bailantero y su calidad.

En 2011 logra afianzarse y aporta 3 goles en 14 juegos para ese Campeón del Clausura que además se animó a pelear fuerte en la Copa Libertadores y tropezó ante Peñarol en la semifinal. Goles en la Sudamericana donde también se arribó a instancias definitivas y la mirada de Europa que se posaba sobre sus hombros.  Y un premio, primera convocatoria a la Selección Nacional.

Fue el Internazionale de Milán el que se llevó la joya, a mediados de 2011. El hincha velezano rápidamente comenzó a comprar la neroazzurra interista con el nombre del pibe que se fue con un cariño muy grande. Tuvo buenas actuaciones en el Calcio, que le valieron un lugar en el equipo.

En 2014 ingresó en la lista definitiva de Alejandro Sabella para conformar la Selección Argentina en el Mundial de Brasil. Ricky completó minutos en la goleada ante Nigeria, en el tercer encuentro de la fase de grupos, reemplazando nada más ni nada menos que Lionel Messi. Formó parte del plantel que se coronó Subcampeón del Mundo.

Pasó a préstamo al Sunderland inglés en ese mismo año y tras una buena campaña allí regresó al fútbol italiano para vestir la siempre agradable casaca de la Sampdoria, entidad en la que militó tres temporadas. Su próximo destino fue el  Atlas mexicano y luego de esa experiencia, el Ricky de pelo largo concretó su anhelada y perseguida vuelta.

Fue a principios de este extraño 2020 cuando quedó materializado su retorno. Álvarez sin aquellos rulos de su estreno en primera pero con un look forjado en Europa, comenzó a trabajar para ganarse el lugar en el equipo.

Sumó un racimo de minutos antes del parate por la pandemia global por el Coronavirus, suficientes para demostrar que su calidad está intacta.

Volvió y contamos los días para volverlo a ver.