Vitalicios

Historia de vida

Por Diego Guitian

Sofía tiene 88 años, es socia vitalicia y tiene una historia que merece ser contada. El martes recibió la vacuna contra el COVID en la Biblioteca Ricardo Petracca. Feliz por ese hecho y también por pisar el césped del Amalfitani, se emocionó recordando que en El Fortín conoció un amor para toda la vida.

Llegó temprano para una cita que sin dudas se volvió tan bienvenida como ineludible. A las 15hs era el turno, por la Puerta 10 del Estadio José Amalfitani. Y 20 minutos antes ya estaba ingresando tomada del brazo de su hija Graciela. La vida muchas veces clava puñales, como haber perdido a su esposo Francisco hace 17 años o bien a ese gran amigo de ambos que fue Ricardo Petracca. Sin embargo, otras tantas, te devuelve guiños que emocionan: en la Biblioteca que lleva el nombre del recordado ex Presidente de Vélez, Sofía Mehmed recibió la primera dosis de la vacuna para blindar su cuerpo contra el Coronavirus.

Nuestra anfitriona es dueña de una historia de vida que ojalá siga sumando nuevos capítulos, simétrica en varios puntos y repleta de un amor que fue echando raíces por toda su familia fanática de El Fortín

El presente la encuentra a este orgullosa socia vitalicia con 3 hijos, 8 nietos y 5 bisnietos. Todos socios de Vélez. Casi 70 años atrás comenzaba a construirse ese sentido de pertenencia inalterable. En el verano de 1952, Sofía desandó las cuadras que van desde Bruselas y Marcelo Gamboa, su domicilio de aquel entonces, hasta la Sede. Tocaba la orquesta de Aníbal Troilo, época de carnavales y bailes populares. Ella con 19 abriles y de pronto, un joven buen mozo de 24 años, la saca a bailar. Una, dos, tres veces se repitió aquel recordado ritual que emprendía un hombre para empezar a conquistar a un mujer. "No me cautivó rápido, primero quería saber si era buena gente, compañero y con los años lo comprobé porque mi marido fue un excelente esposo, padre y abuelo", comenta emocionada.

Una reliquia de cuero para dar cuenta de la pasión con la que Sofía disfruta su devoción por El Fortín.

Unos años después de conocerse, empezaron a cultivar amistades con las familias de varios futbolistas del Subcampenato de 1953. No tardaron en casarse y que lleguen los hijos que la acompañan a sol y sombra. Luego los nietos y bisnietos. Desde 1984 que Sofía se convirtió en vitalicia. Y como era de esperar, llegó al club con todos los carnets de cuero que tuvieron tanto ella como su esposo. Así los iba mostrando orgullosa, incluso instantes previos a vacunarse. 

Sobre el motivo principal que la convocó, contó que "dos nietas se encargaron de buscar turno para que me pudiera vacunar. Cuando me contaron que había dos posibilidades para concurrir y una era Vélez, me quise morir de la felicidad. Yo acá viví mi vida, jugué al Burako y a la Canasta, pasé los mejores años junto a mi familia en esta Institución que es una de las más grandes del mundo". Por eso la emoción se hizo presente al recordar que justamente en el espacio público que lleva el nombre de Ricardo Petracca, ese amigo entrañable de la familia Numa-Mehmed, logró darse la vacuna para permanecer con la guardia en alto a sus 88 años.

Lo sabe muy bien Sofía: hay historias que merecen ser contadas. Como la suya, que es un fiel ejemplo de lo dicho, donde Vélez se convirtió en el escenario y motivo principal para continuar disfrutando de momentos como los que vivió el martes pasado con el amor vitalicio como bandera.

"¿Me pongo el gorrito que suelo traer a la cancha?" ¡Por supuesto, Fortinera!