Buenos Aires, Lunes 9 de mayo de 2011.
(Prensa Vélez Sarsfield ? Estadio José Amalfitani)
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Posiblemente la ilusión viaje tan rápido que la única manera de apoyar los dos pies sobre tierra firme sea revisar la misma historia con la que se construyeron estos grandes cimientos de un equipo que todo lo quiere. Porque en casi dos años y medio de trabajo bajo la misma conducción, Vélez como equipo nunca voló más alto que lo que sus alas le permitieron. Tuvo alegrías pero también sin sabores que a la postre terminaron reiventándose en el cebo necesario para volver a catalputar nuevos desafíos. Nunca Ricardo Gareca miró por encima de su hombro, y sus Gladiadores tampoco. Al contrario, apostaron el inequívoco sello que le imprime la contracción al trabajo sin dejar que la ilusión desborde más de la cuenta. Por eso Vélez está donde lo ubica la realidad. Expectante más que nunca en los dos torneos. Copa y Clausura. Al día y con la mentalidad fresca, despejada, para seguir por el mismo camino. ¿O acaso en la centenaria historia de nuestro Fortín todo nos resultó sencillo?
El Primer equipo llegaba a las puertas de un duro compromiso frente a Banfield con algunos de sus soldados maltrechos; ni Zapata, Silva y el Burrito estaban a disposición del Cuerpo Técnico para este partido. Por eso el Tigre, una vez más, metió mano en el Plantel para salir a buscar esa diferencia de cuatro puntos al segundo, y afirmarse más que nunca en la cima de un Clausura que lo invita a soñar. Aunque estos muchachos mastiquen realidad, por suerte.
Ricky Álvarez, ese jóven que no tiene valor de cambio hoy por hoy, asumió las riendas del equipo con Moralez en el banco, y trató de teñir de esperanzas los intentos de Vélez por doblegar el cerrojo que le plantó el conjunto de Sebastián Méndez. El Negro Domínguez, el que redacta como nadie,con el corazón en la mano, los sentimientos de un conjunto, apuntalaba desde el fondo y sin claudicar siempre asumió ir para adelante. Como sea, aunque el rival impusiera sus nobles armas al servicio de rasguñar un empate ante el gran equipo que hoy todos ponderan.
Así está Vélez, un puño cerrado golpeando el rostro de aquel que se le plante frente al suyo. Normalmente lo hace con estilo, con sapiencia y dejando huellas de su juego armonioso. Pelota al raz siempre y cuando no sale, apostar al plus que te brinda solamente la mentalidad ganadora de un conjunto que quiere todo, y más también. Por que Vélez es así, no se anda con vueltas para plantarse y pretender lo que otros por temor al fantasma de la doble competencia no se animan a enfrentar. Siempre con la ilusión de saborear el dulce de la gloria, pero sin desperarse porque sabe que la única ilusión que cuenta es la que día a día, fecha tras fecha, abona en cada partido: lo más importante, lo único, es el próximo rival. Como dijo Gareca horas después de consumar la victoria; Vélez no planifica en función de los dos torneos en los que se dirime, sino evaluando quien es el próximo contrincante. Solamente así la mesura le gana a la ilusión, sin volverse ansioso y manteniendo la cordura.
Pero si de pasiones se trata, cuánto cuesta no idealizar un semestre que parece de ensueño. Por suerte Cubero es de Vélez, juega para Vélez y es Vélez. Todo en uno. Junto con las almas que poblaron el Amalfitani y envueltas en el desenfreno que consumó con la victoria, dejando afónicas sus gargantas y rojas sus palmas de tanto gritar y aplaudir por su equipo. Queriendo que todo sea ya, ahora, con la inmediatez hecha necesidad exclusiva.
Antes o después, todo a su debido tiempo, y sin renunciar al trabajo, todo llega. Por eso, allá va el Tigre, rápidamente dejando la cancha encolumnado hacia el vestuario. Ya planficando el día de mañana, con la mente puesta en el próximo rival. Él y "sus muchachos", como amablemente define a estos Gladiadores, conducen la ilusión de todo un Pueblo que está latente de un grito. Aunque cueste serenarse y no pensar más allá; este equipo te entrega la dosis necesaria de realidad para que apoyar los pies sobre la tierra no sea cosa de un siempre difícil lunes. Sino un Poroto más a la ilusión que vehiculizan nuestros muchachos.