Buenos Aires, Domingo 14 de febrero de 2010.
(Prensa Vélez Sarsfield ? Estadio Pedro Bidegain).
Lejos estuvieron Vélez y San Lorenzo de cumplir al pie de la letra su tarea de amantes del balón en el día de los enamorados. Sin dudas, que al encuentro de la tarde en el Nuevo Gasómetro le sobró emotividad en la previa y en algunos pasajes, pero careció de todo sentido futbolístico durante los poco más de noventa minutos en los que se enfrentaron ambos equipos de realidades diversas.
Por un lado llegaba este Vélez de Ricardo Gareca; copado al máximo por la muy buena victoria en el gran debut en la Copa Libertadores de América ante el poderoso Cruzeiro de Brasil. Además, llegaba a este choque con el Ciclón, como uno de los líderes del Clausura, mostrando que puede pelearse ambos frentes con un plantel rico en nombres y calidad. Por el otro, aparecía tímido el San Lorenzo de Diego Simeone, perseguido al extremo por el fantasma de los malos resultados de un arranque de semestre que lo tiene solamente disputando el torneo local y que lo encuentra lejos de la cima. Con los rumores lógicos y confirmaciones de cargo que abundan en momentos como éste. Hasta con esta previa de encuentro merecía el calificativo del ?partido de la fecha?. Pero no lo fue.
¿Cuánto pudo haber influido en Vélez el hecho de haber jugado por Copa entre semana y parar los mismos once en el campo de juego? Mucho y poco a la vez. Quizás no sea el tiempo recomendable de recuperación para tan desgastante encuentro ante la fricción brasilera; pero al mismo tiempo, el andar que mostró el equipo en los noventa minutos que le regaló esta cuarta fecha, está muy lejos de adjudicársele a la parte física o del cansancio, no señor; lo de Vélez fue una mala tarde desde lo futbolístico y sin dramatismo. Así y todo, tuvo las mejores situaciones para llevarse algo más del Bajo Flores. Fue aquella del inicio de Maximiliano Moralez, que se escurrió entre todos y desvió su remate entrando al área mientras lo incomodaba la defensa rival. Fue el pie preciso de Pablo Lima, quien buscó destino a red desde la pelota quieta pero se encontró con una estirada soberbia del cambiante Migliore, para aguar el grito en la garganta. Fue el Burrito Martínez tras una guapeada de Silva, quien no pudo darle ese empujoncito al balón camino al gol. Tres que no quisieron ser.
De todas formas a Vélez le costó agarrar ritmo y la pelota en mitad de la cancha. Fueron pocas las jugadas que pudo hilvanar, como para poder acercarse con claridad al arco rival. Nunca se sintió cómodo en el terreno de juego y se evidenció en los quites y pérdidas que tuvo; más allá del gran despliegue de Víctor Zapata, las ganas y el empuje de Santiago Silva. Asimismo, fueron Nicolás Otamendi y Sebastián Domínguez los más destacados de este Vélez, por ganar todas las que le exigió el rival. Ambos en la marca mano a mano fueron superiores y sostuvieron la última línea del Fortín.
Maxi Moralez fue más lo que tuvo de intención que lo que pudo hacer concretamente con el balón; y eso para el funcionamiento del equipo es mucho. Porque lo atendieron bastante brusco y la pasividad de Pitana lo hizo exasperar al chiquitín que había visto la amarilla en el primer tiempo por ni siquiera el diez por ciento de las faltas que él recibió. Sin idea allí, Gareca pensó abrir la cancha con Martínez bien abierto por derecha, pero el Burro se ahogó con el ida y vuelta por aquel sector, más que por la ofensiva.
¿Qué propuso el local? Poco. En el arranque tuvo la pelota pero no incomodó nunca a Montoya, quien en gran parte del encuentro fue un espectador de lujo. Para colmo, con el correr de los minutos, el equipo de Simeone comenzó a padecer el síntoma del miedo a perder y le fue regalando terreno y balón a un Vélez que apretó sobre el final y no lo pudo liquidar a un equipo que pide a gritos una salida.
Aún quizás quede la sensación de a poco en el paladar con esta igualdad opaca y sin goles. Sin embargo la lucha sigue intacta, la cima compartida suma un nuevo comensal al banquete del fútbol. Sin embargo y casi como una costumbre, entre estos equipos que se repartieron el ?uno y uno, es negocio?, hay una diferencia de protagonismo notable. Mientras uno juega para ganar una doble corona; el otro hace las cuentas de las migajas de ayer.
Carlos Alberto Martino.