Junta Histórica

El Mundo a los pies de Vélez

La copa en alto. Vélez tocaba el mundo con las manos.

El 1ro de diciembre de 1994 Vélez superó al Milan de Italia por 2 a 0 en Japón, y se proclamó Campeón Intercontinental. El fútbol mundial posaba sus ojos en un grupo de jugadores de gran inteligencia y enorme carácter comandado por un formidable estratega llamado Carlos Bianchi.

Pasa el tiempo. Los años nos vuelven cada vez más memoriosos y nostálgicos con aquellos momentos inolvidables que jamás se borrarán de nuestras retinas. Alguien dijo por ahí que “no hay que vivir de recuerdos”; yo le digo y completo “pero hay que tenerlos presentes”. Porque si bien han pasado tantos años de aquella gloria, el sabor dulce aún rebosa en cada paladar velezano.

Vuelvo a aquel 1 de diciembre de 1994. Madrugo como nunca antes, madrugar es una forma de decir porque fue casi imposible conciliar el sueño en la noche previa. Me visto con la camiseta blanca con la “V” azulada. Me siento en la escalera de casa esperando ansioso el partido. Nervios sobran. Repaso las imágenes en mi mente como si fuera hoy. La previa, las primeras imágenes que llegaban de Oriente. La vieja y el viejo, todos listos frente al televisor. Todo estaba preparado.

Chilavert; Almandoz, Trotta, Sotomayor y Cardozo; Basualdo, Gómez, Bassedas y Pompei; Flores y Asad. Los repaso de memoria y me río de mí mismo. Me siento como esos “viejos” que recuerdan formaciones históricas que sin repetir y sin soplar parece que nunca van a terminar. Enfrente el poderoso Milan que venía de golear nada más ni nada menos que al Barcelona español por 4 a 0 en la final de La (vieja) Copa de Campeones. Figuras rivales de la talla de Franco Baresi, Paolo Maldini, el Croata Boban, Savicevic; gigantes del fútbol mundial. Pero uno sabía lo que valía el equipo que Carlitos Bianchi había formado y que por algo estaban en Japón, por algo estábamos levantados, todos para ver esa final.

“Cuando tengas en frente a Baresi, ponele la cola y tiralo a la mierda...”. Palabras más, palabras menos, esa fue la sincera y efectiva indicación de Bianchi al Turco Asad minutos antes del encuentro. Y ahí va el Turco, en la primera bola le tiró los kilos al experimentado defensor que no sabía si estaba en Japón, en el Coliseo Romano o en el Cielo. Para demostrar la entereza de ese palntel, recuerdo que en la entrada en calor Marcelo Gómez pisó mal y se torció su tobillo. Infiltración y a la cancha. El Negro jugó como si nada hubiera pasado, estaba intacto.

Cadena de nerviosismo en el arranque, en Liniers, en Tokio... en cualquier lado donde el sentimiento tenía forma de V azul. Pasó aquel primer tiempo, con algún que otro sobresalto pero con el ánimo íntegro. Entretiempo para relajarse un poco. Otra vez a jugar. Segundos 45 minutos interminables. Saca Chilavert y le pone una pelota cruzada a Basualdo, el Pepe tira el centro al área y Costacurta lo agarra al Turu Flores. PENAL. Si, Penal... El gran Capitán se para frente al balón. Un poco más de doce pasos hacia la red. Todo el pueblo velezano concentrado en el botín derecho de Roberto Luis Trotta. Repiqueteo previo, carrera, rebote en el pie de Rossi, red. GOOOOOLLL!!!... Se me eriza la piel de verlo correr a Trotta con la boca a reventar llena de gol, buscando con los brazos la explicación a tanta felicidad. La gloria estaba cada vez más cerca. Aún siento el ardor en la garganta de gritar esa bocanada de alegría incomparable que comúnmente la llaman gol. Y allá va el Turco Asad, en una corrida interminable. Corré, volá... dale Turquito!!!. Pirueta en un baldosa, GOLAZOOOOO!!!... Corré Turco, ahora para festejar. Abrí los brazos. Recibí la gloria, que en el piso mirando el techo lo grito yo también.

El mundo entero se rendía a nuestros pies. Vélez Sarsfield, el de Pepe Amalfitani, miraba a todo el fútbol del planeta desde lo más alto. Porque esa estrella dorada que hoy luzco en mi pecho encierra todo el sudor, el sacrificio de unos muchachos que dejaban todo en el campo de juego, la valentía, la entrega, el amor por la camiseta... por el Fortín de Villa Luro. Porque esa estrella dorada hoy brilla más que nunca, y brilla como la confirmación de que Vélez es inmensamente grande.

Por eso, yo me voy a festejar al Amalfitani, con mis viejos, con esa camiseta de las tres tiras puestas, en esa mañana interminable e inolvidable. Vos que estás leyendo, viajá mentalmente a ese lugar... sea tu casa, el estadio, Japón... ponete esa camiseta de la cábala... para reencontrarnos... abrazarnos y gritar: VAMOS VÉLEZ CAMPEÓN DEL MUNDO CARAJO!!!!.

SÍNTESIS

VÉLEZ SARSFIELD 2: José Luis Félix Chilavert; Héctor Alfredo Almandoz, Roberto Luis Trotta, Víctor Hugo Sotomayor, Raúl Ernesto Cardozo; José Horacio Basualdo, Marcelo Adrián Gómez, Roberto Fabián Pompei, Christian Gustavo Bassedas; Omar Andrés Asad, José Oscar Flores. 
DT: Carlos Bianchi. 
Suplentes: Sandro Daniel Guzmán, Flavio Gabriel Zandoná, Mauricio Andrés Pellegrino, Marcelo Hugo Herrera, José Luis Sánchez (formaron parte del plantel aunque no integraron el banco de relevos Claudio Daniel Husain y Fabián Oscar Fernández).

MILAN 0: Sebastiano Rossi; Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta, Franco Baresi, Paolo Maldini; Marcel Desailly, Demetrio Albertini, Roberto Donadoni, Zvonimir Boban (60´Marco Simone); Dejan Savicevic (86´Christian Panucci), Alessandro Massaro.
DT: Fabio Capello. 
Suplentes: Mario Ielpo, Giovanni Galli, Paolo Di Canio.

Goles: ST: 5min Roberto Luis Trotta de penal, 12min Omar Andrés Asad.
Amonestados: Héctor Alfredo Almandoz, Marcelo Adrián Gómez, Roberto Luis Trotta, Omar Andrés Asad, Dejan Savicevic, Demetrio Albertini.
Expulsados: ST: 13min Sandro Daniel Guzmán (suplente, por ingresar a la cancha a festejar el segundo gol), 40min Alessandro Costacurta.
Estadio: Nacional (Tokio, Japón).
Árbitro: José Joaquín Torres (Colombia).