Junta Histórica

¡Feliz cumpleaños, Turco!

La estampa de un verdadero crack. Julio Asad, una leyenda fortinera.

Hoy cumple 68 años Julio Daniel Asad, un jugador extraordinario, dotado de condiciones técnicas excepcionales y que maravilló al público velezano en el comienzo de la década del 70. Un talento sin época. Un monstruo del fútbol difícil de adjetivar.

Un crack. Alguien que leyó y escribió nuevas páginas en el manual del número cinco. El referente de la primera etapa de César Luis Menotti al frente de la Selección Nacional que se consagraría campeona del mundo en 1978. “Ese jugaba a otra cosa” sostenía a través inconfundible vozarrón el Coco Alfio Basile. Un jugador formidable.

Julio Daniel Asad nació un 7 de junio de 1953 en Capital Federal y se estrenó con nuestra camiseta, en la máxima categoría, tras su formación en las divisiones inferiores, el 7 de noviembre de 1971 en un Huracán de Bahía Blanca 0 Vélez 1.

El segundo Turco más famoso de nuestro derrotero futbolístico -el inicial fue Omar Wehbe- era un volante central no tradicional, dueño de notables atributos: recuperación, pase corto y largo, carácter indomable, don de caudillismo, llegada al área rival y gran caudal goleador en cualquiera de sus variantes, remates desde afuera, arremetiendo por sorpresa, de cabeza, tiro libre o de penal. En muchas ocasiones tuvo que desempeñarse en la posición de creador, como un clásico diez. También brilló en esa función de organizador. Era un fenómeno.

En la primera fecha del Torneo Nacional 75, en cancha de Ferroel Turco no pudo frenar su fuerte temperamento, fue expulsado y recibió varias fechas de sanción. En el lapso de su suspensión disputó un partido informal con amigos, sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de su rodilla, y esa lesión, temible para esa etapa, aceleró su retiro de la actividad a muy temprana edad, cuando todavía su techo estaba muy alto y su proyección era imposible de mensurar. Luego de una salida traumática del Club, y de fugaces y poco felices pasos por Racing y Colóncomprendió que la rebelde articulación no tenía cura y que su tiempo de esplendor había pasado.

Asad hubiese sido el mediocampista central del combinado argentino campeón del mundo del 78, y posiblemente su capitán. Era el futbolista mimado del Flaco Menotti. Desde su debut, hasta su alejamiento de Vélez en 1976, registró 144 compromisos y anotó 35 goles, cifra asombrosa para alguien que deambulaba por la zona media de la cancha. En este siglo XXI no hubiera permanecido esas pocas temporadas en la Institución, los ojos de las entidades de mayor relevancia del mundo se hubieran posado sobre su figura. Su cotización actual, para cualquier mercado, es imposible de calcular. No hay volante central del presente ni del pasado que posea los recursos que él tenía. Es incomparable.

La gente lo amaba. Por su entrega y por su derroche de fútbol sobre el césped. "Y chupe/chupe/chupe/y no deje de chupar/el Turco es lo más grande del fútbol nacional", coreaba la tribuna en aquel amanecer de los 70. Julio desplegó el top de su rendimiento en el Nacional de 1974. En ese certamen se puso el equipo al hombro y fue decisivo en el octogonal final -marcó los tantos de los triunfos, ambos por 1 a 0,  ante Boca e Independiente en los estadios de San Lorenzo y Huracán- instancia en el que el XI dirigido por Pedro Dellacha estuvo a las puertas de la coronación hasta la última jornada. 

Colgados los botines en 1981, el Turco se abocó con éxito a la dirección técnica en conjuntos del ascenso de nuestro país, y es muy reconocido por su trabajo en Ecuador, ámbito donde cosechó títulos locales y adquirió fama y prestigio. En abril del 2008, de regreso de Arabia Saudita, fue víctima de un ACV del que gracias a un excelente tratamiento ha logrado recuperarse satisfactoriamente. Hace poquitos días sufrió un inconveniente de salud y debió ser internado en el Hospital Vélez Sarsfield pero, afortunadamente, está en proceso de rehabilitación y se encuentra en buen estado.

Fue una pena no haber podido disfrutar más tiempo de su enorme talento. Pero, aunque efímera, su carrera dejó una huella en el hincha que lo transformó en ídolo y para muchos, tiene un lugar asegurado en la formación ideal de los 111 años de vida.

Muy feliz cumpleaños Turco, y gracias por tu fútbol.