Junta Histórica

¡Muy Feliz Cumpleaños, Chila!

Hoy cumple 55 años José Luis Chilavert. Un estandarte de la etapa de mayor gloria del Club, un símbolo de un Vélez empapado de gloria.

Monstruo, fenómeno, extraterrestre, superhéroe, ídolo. No existe un calificativo capaz de mensurar lo que significó, y lo que significa José Luis Chilavert para la historia futbolística de Vélez.

Nacido en Luque, Paraguay, un 27 de julio de 1965, Chila arribó al país en 1985 tras destacarse -desde su debut a los 15 años en Sportivo Luqueño y tras su paso por Guaraní de su patria de origen- para defender el arco de San Lorenzo. En 1988 fue transferido al Zaragoza de España y finalmente arribó a Liniers, por sugerencia de Héctor Veira y con la aprobación del entonces DT, Eduardo Luján Manera, en 1992.

No hay compañero que no resalte su vital importancia y que no remarque que su presencia -inédito por tratarse de un arquero- fue determinante para la consecución de los logros capturados en la dorada década de los 90. Chilavert fue, sin dudas, uno de los futbolistas con mayor influencia, dentro y fuera del terreno, en el Siglo XX.

El penal ante Estudiantes en el 93 para acabar con la sequía y alzarse con el Clausura; el tiro libre artesanal ante Pontiroli, de Deportivo Español, inicio de una serie de proezas escritas por la letra filigranada de su bendecido botín zurdo que tuvo como víctimas a sus mejores colegas de ese período, como el inolvidable golazo a Burgos desde 60 metros o los dos goles a Navarro Montoya para la goleada ante el Boca de Maradona en el 96. Los penales atajados en instancias decisivas ante Burruchaga (Clausura 96, nuestra cuarta estrella doméstica); frente a Méndez, por la semifinal de la máxima competencia sudamericana ante Junior; y ante Palinha en la tanda de la final de la Copa Libertadores del 94 en el Morumbí; su colosal actuación en Japón por la Intercontinental etc, etc, etc. Nadie puede cuestionar que el paraguayo marcó una época y asumió un rol estelar en esa etapa merced a su personalidad arrolladora y ganadora; a su concentración absoluta y a su manejo total de su espacio, el área. Este gigante fue un eje neural que concentraba y dinamitaba la presión externa... es más, se congraciaba con ella, era un alimento que potenciaba su desempeño y le alivianaba esa carga a sus compañeros.

Apuntalado por un grupo inteligente y perseguidor de un mismo objetivo: la gloria, Chilavert edificó una trayectoria deportiva inmaculada, sustentada en sus notables condiciones técnicas y un concepto autodidacta de marketing que se apoyaba, no solo en sus atributos futbolísticos, sino además en una lengua con filo de cimitarra, que captaba la atencion, no solo del público propio, sino sobretodo del simpatizante rival y de los medios periodisticos. Sus hazañas y sus declaraciones fueron, por largas temporadas, titulares de los principales medios, escritos y orales, del país y del mundo, y ubicaron a Vélez en las principales marquesinas del planeta.

Atruena aún, a 16 años de su retiro, el grito de guerra Chilavert/ Chilavert que vociferaba la hinchada cada vez que se aprestaba a patear y luego de ejecutar sus penales o tiros libres; o el más trabajado: Ojalá que gane/ que gane el fortinero/ ojalá que gane/ con gol de Chilavert, que simbolizó y se hizo carne en la parcialidad de Vélez durante su estancia en el Club que se extendió por casi un decenio.

Emblema ganador de los mejores años velezanos. ídolo sagrado.

 

Sus números apabullan. Custodió nuestros palos en 347 oportunidades y anotó 48 goles, una cifra envidiada por numerosos delanteros actuales, pasados y contemporáneos. Ganó cuatro titulos locales y cinco internacionales, entre ellos la Copa Libertadores y la Intercontinental. Su palmarés se completa con tres consagraciones: una con Guaraní en Paraguay, otra con el Racing de Estrasburgo y una tercera con Peñarol de Montevideo. Fue elegido como el mejor del mundo en tres ocasiones: 1995, 1997 y 1998.  A lo largo de algo más de dos décadas convirtió 62 anotaciones en 752 cotejos. Ostenta dos récords: es el único guardameta que registró tres goles en un encuentro (frente a Ferro en 1999) y el primero en celebrar una conquista de tiro libre.

 

Figura de su Selección, participó y brilló en dos Mundiales: Francia 1998 y JapónCorea 2002.

Encajonó los guantes, calzado con el buzo velezano, que defendió como nadie, el 22 de abril de 2004.

Desde el 16 de diciembre de 2018 una estatua de su silueta engalana en Hall Central de la Sede, y se encuentra apostada junto a la de otros próceres de nuestra Institución como José Amalfitani, Carlos Bianchi y Daniel Willington.

Fue amado hasta el orgasmo por su gente y odiado, pero sinceramente reconocido, por ajenos. Las próximas generaciones, que no tendrán la suerte de haberlo disfrutado en cancha, reverdecerán sus proezas a través de las imágenes o de los relatos de sus mayores y, como siempre, el misterio y la exageración serán parte de este mito, aunque en el caso de Chila, la exageración y el asombro se quedaron sin ejemplos

Feliz Cumpleaños Maestro. Gracias por tanto.

Gigante. José Luis Félix Chilavert es sinónimo de gloria en Vélez.