Homenajes

¡Muy Feliz Cumpleaños Carlos!

Hoy cumple 71 años Carlos Bianchi. El máximo goleador y el técnico más ganador de la historia de Vélez. Un profesional predestinado a brindarle al Club un sinfín de alegrías. Un ídolo incuestionable.

Un goleador impiadoso, intuitivo, inteligente, concentrado en el juego los noventa minutos. Un DT hiper exítoso, el diseñador de un equipo multiganador, de una formación que quedará por siempre en la memoria del hincha y que se ganó un lugar en la bibliografía del fútbol argentino y mundial.

Carlos Bianchi se estrenó con la casaca velezana en la máxima categoría el 23 de julio de 1967 ante Boca. Salvador Carreras en 1920 con 19 goles, Agustín Cosso en 1935 con 33 tantos, Norberto Conde con 19 en 1954 y Juan Carlos Carone, en 1965, también con 19, eran sus predecesores en los registros de top scorer de un torneo. Bianchi, dotado de un notable poder de fuego pulverizó todas esas marcas.

El 7 de julio de 1968, el centroatacante nacido el 26 de abril de 1949, criado en Versailles y formado en las divisiones menores perforó por primera vez una red adversaria en el marco de una victoria por 4 a 2 ante Argentinos Jrs. Una semana más tarde le frenó a su ídolo, el recientemente fallecido Amadeo Carrizo, el invicto de 769 minutos que ostentaba en la custodia de la valla riverplatense, y el 29 de diciembre dio la vuelta olímpica como integrante del grupo que, conducido por Manuel Giúdice, obtuvo el Nacional 68, la primera estrella en nuestro firmamento. Carlitos aportó 11 presencias y 7 anotaciones.

Ya instalado entre los inamovibles del equipo, el 7 de diciembre de 1969 empardó la marca que lograda por el Turco Wehbe la temporada anterior y marcó cinco tantos en un cotejo. La víctima de su apetito goleador fue San Lorenzo de Mar del Plata.

Se coronó como Pichichi de un campeonato en el Nacional 70, con 18 impactos, pero la cúspide de su rendimiento se evidenció en el Metropolitano 1971, en el que, con 36 tantos en igual cantidad de presentaciones, encabezó con amplio margen la tabla de artilleros. Aunque el porrazo de haber resignado el título todavía debe dolerle.

Su participación como miembro de Seleccionado Argentino fue breve pero efectiva: 14 encuentros desde su debut, el 22 de octubre de 1970, en un empate 1 a 1 con Paraguay, en Asunción, hasta su despedida en una caída por 3 a 1 frente a Portugal, en Río de Janeiro, el 29 de junio de 1972. El archivo acusa 7 gritos vestido con la albiceleste.

Poco tiempo más duraría Bianchi en Vélez. Sus festejos se escuchaban en todas las latitudes. Es imposible mensurar cuál sería su cotización actual. El destino fue Francia. En suelo champagne sobresalió con nitidez en el Stade Reims, el Paris Saint Germain y el Racing de Estrasburgo, y fue el top scorer de la Liga en 5 ocasiones, pese a que allí sufrió la lesión más grave de su carrera: el 7 de octubre de 1974, en un amistoso frente al Barcelona de España, una criminal entrada de Gallego, defensor central rival, le provocó una triple fractura de tibia y peroné.

En septiembre de 1980 retornó a Liniers, disminuido físicamente pero sin una merma en su voracidad ante el arco adversario, tanto que , en el Nacional 1981, volvió treparse al peldaño más alto de la grilla de goleadores -por tercera vez- con 15 tantos en 17 cruces, en un conjunto que llegó hasta la instancia semifinal y en el que brilló Carlos Ángel López, quien, según el propio Bianchi, fue su mejor alimentador en su recorrido como futbolista.

Nunca decayó en su nivel y mantuvo su romance con la red hasta que decidió despedirse como jugador fortinero contra el mismo rival contra el que había debutado en Primera División: Boca Juniors. Fue derrota en el José Amalfitani por 2 a 1, el 1º de julio de 1984. 

Ovacionado por ambas parcialidades en su adiós, envuelto en lágrimas de emoción, Carlitos pidió disculpas después del partido por haber dejado a su equipo con 10 hombres durante los 90 minutos, superado por lo emotivo de la coyuntura. Una perla adjunta a esta crónica: los dos goles de Boca de aquella tarde de tintes lacrimosos los convirtió Ricardo Alberto Gareca.

Retornó a Francia, otra vez al Stade Reims, para jugar unos meses en la Segunda División y poder redondear, con los 8 que señaló en esa etapa final, la impactante suma de 410 goles en toda su trayectoria. En Vélez, único club argentino en el que militó, apuntó 206 en 324 partidos, en Francia 197 (115 en el Stade Reims, 71 en el PSG y 11 en Racing de Estrasburgo) y los 7 restantes con la Selección Argentina.

Luego de haber hecho sus primeras armas como entrenador en el Stade Reims y el Olympique de Niza, volvió a casa en enero de 1993, con crédito abierto pero en un contexto de cierto escepticismo de parte de los simpatizantes debido a sus escasos antecedentes en la función y al desconocimiento del fútbol doméstico. Cinco meses después, Vélez y Bianchi compartieron una coronación, el Torneo Clausura, un oasis tras 25 temporadas de sequía.

El Fortín inició, a partir de ese campeonato, una nueva era. A su grandeza institucional le sumó los éxitos deportivos que lo instalaron en la cima del fútbol nacional e internacional. Con él como entrenador, se capturaron la Copa Libertadores 1994, la Copa Intercontinental 1994, el Apertura 1995, la Copa Interamericana 1996 y el Clausura 1996, este último con Osvaldo Piazza como su sucesor en las últimas cuatro fechas. En apenas un trienio, demolió, dejó hecha escombros la desconfianza inicial.

Primer campeón como jugador y como director técnico en la historia del Club - José Oscar Flores empardó ese privilegio al alzarse con la Supercopa Argentina en el 2014- el Virrey cerró una historia brillante e inigualada al frente del plantel profesional con un triunfo sobre Colón por 2 a 0 en Liniers, la tarde noche del 29 de junio de 1996, una despedida conmovedora. Su llanto se unió al de miles de fortineros que le expresaron su gratitud ante tantas alegrías compartidas, y tantos momentos inolvidables.

Sus trabajos en el ámbito internacional, Atlético Madrid y Roma, fueron fallidos. El desborde de trofeos conseguidos en Vélez y Boca, trituraron esas malogradas experiencias. Bianchi es, por afano, el técnico más ganador de la historia del fútbol criollo.

Hoy, que festeja sus 71 años, reposa como un guerrero, disfruta de Margarita, su compañera de toda la vida, de sus hijos Mauro y Brenda, y de sus nietos. De tanto en tanto se pega una vuelta por el Amalfitani para ver a su Vélez, el Club que ama, y es receptor del profundo cariño que le dispensa su gente, en agradecimiento por haberle ofrecido tanta felicidad en ambos roles, como futbolista y como conductor táctico.

Su figura luce inmortal hecha estatua en el Hall Central de la Sede. Merecido reconocimiento a una figura irrepetible en la vida centenaria de la Institución. Profesional serio, ajeno a escandaletes y adicto al trabajo, Bianchi dejó un surco, una huellaque será eterna. El “Virrey” o “el que la para de pechito y la pone en un rincón”, fue, es y será, por sus valores, su legado, su sentido de pertenencia y su identificación con los colores, un símbolo, un estandarte, una referencia obligada, un orgullo de Vélez Sarsfield.

¡Muy Feliz Cumpleaños Carlos!