Fútbol

“Vélez me dio techo, comida, educación”

Un testimonio. Una vida. Un debut. Foto: Hernán Mauricio
Por Carlos Martino

Lo dice Nazareno Romero, el protagonista de una historia digna de contar. A días de su estreno en primera, el lateral repasó con emoción el camino que lo trajo hasta aquí.

Cuántas cosas deben jugar en la cabeza de un juvenil en el momento en que el entrenador le pone nombres y apellidos a cada puesto entre los once y aparece el suyo.

Cuántos sueños de gramilla verde comienzan a convertirse en realidad en el vestuario, cuando ves la camiseta perfectamente doblada por el laburo de utilería, te la probás y te mirás al espejo con cara de incrédulo.

La familia pegada al televisor jugando cada pelota con él, en cada dividida, en cada pase, transpirando juntos la camiseta.

Seguramente cada una estas situaciones le tocó vivir a Nazareno Romero en su reciente estreno en la primera división de Vélez. Algo que aún hoy, días después, cuesta mucho procesar.

“La verdad que es algo difícil de explicar porque fue algo soñado. Uno está preparado, pero cuando pasa queda la mente regulando. Es complicado caer en la realidad de lo que pasó el sábado”, contó en exclusiva al Sitio Oficial.

Esa vorágine de sensaciones, ese torbellino de reacciones, inhiben el estado de goce. “Fue un disfrute medio raro porque tenía muchos nervios, estaba ansioso. Era un sufrimiento lindo. Estaba con ganas de tener la oportunidad de demostrar y de ayudar al equipo”.

Ahí es donde aparece el grupo. Un plantel y un cuerpo técnico que acompañan a cada debutante de la inagotable cantera en su bautismo en la máxima categoría. No es hacer debutar por debutar. Todo llega en tiempo y forma. Algunos antes, otros, más tarde. Pero como dice la canción, tarda en llegar y al final hay recompensa. “Desde Mauricio hasta todos mis compañeros me apoyaron y me dijeron que esté tranquilo, que juegue como yo sé hacerlo. Que haga las cosas simples y que intente hacer lo que me pedía el técnico.  Me dejaron tranquilo desde ese lado, que tenía su apoyo, que me sienta contenido. Así me sentí”.

El Mono Romero en una acción de juego en su debut ante Racing.

El desahogo fue tan grande que la emoción le copó la parada. Tuvo un rendimiento en sus primeros noventa minutos que fue progresivo, de menor a mayor; como sacándose de a poco el traje de nervios y empezando a hacer lo que sabe: jugar al fútbol. Por eso, cuando fue entrevistado para la televisión, en cada palabra, el llanto le ganaba un poco la pulseada y las lágrimas brotaron. “Mucho sufrimiento y sacrificio. Siempre pensé en cuándo me iba a tocar debutar, cuánto me falta, cuándo me va a llegar la oportunidad. Es duro. La espera fue grata porque valió la pena”.

Es que sin dudas, en ese preciso momento, una catarata de recuerdos lo inundó. Desde Monte Grande hasta Ituzaingó. Desde inferiores a primera. El amor de una madre, el de toda una familia. Todo en un sube y baja de emociones. “Me acuerdo los viajes en colectivo con mi Mamá, cuando me pasaba a buscar por el colegio. Ella siempre me decía que descanse que ella iba a estar despierta todo el viaje para que yo pueda descansar unos minutos y que pueda entrenar bien. Cuando me fui soltando en la calle, ya viajaba solo y también fue mucho sacrifico por parte de mi familia que siempre tuvo para pagarme el boleto. Me dieron todo, el descanso, la comida, para que yo estuviera tranquilo haciendo el deporte que amo. Gracias a Dios ahora lo puedo  disfrutar y ellos lo disfrutan más que yo”, se vuelve a emocionar Naza.

Por eso, cuando se enteró de la gran noticia de lo que sería su estreno, lo compartió con ellos. Porque se lo merecen tanto como él. “Al primero que le avisé que iba a ser titular fue a mi viejo. Lo veníamos deduciendo. La verdad que me sentí bien en los partidos amistosos y a mi familia le dije que ojalá se me dé la oportunidad porque me sentí bien. Estábamos a la espera de la decisión del técnico. Apenas me enteré le mandé un mensaje a mi viejo: -Voy de titular-. De ahí, no hable más”.

-¿No te llamó él después de la noticia?

- No, no me llamó porque me lo imaginaba también ansioso y no quería transmitirme a mí eso. Eso me ayudó mucho, porque no hizo volverme loco.


“Me esperaron en casa con ansias, orgullosos, felices. Son días de festejos, de abrazos y de mucha emoción. Toda mi familia es parte del esfuerzo que hicimos”.


Así pudo cumplir con todos, sobre todo con ellos, sus padres. Cumpliendo una promesa que siempre les remarcó. La de su sueño. La que se hizo realidad. La que llegó. “La camiseta fue para mi viejo. La primera cuando fui al banco por la copa se la había dado a mi Mamá, así que ya tienen una cada uno. Están emocionados porque siempre les dije que ya se las iba a llevar. Dios quiso que en esta semana se las pude llevar a los dos”.

En toda esta gran historia de Nazareno Romero en primera tuvo un sostén además de su familia. La institución brindó contención y un marco ideal para que crezca, se forme y se desarrolle. Algo que hace hasta anecdótico su estreno en la máxima categoría del fútbol argentino. Algo que solamente pasa en un club así. “Vélez me dio techo, comida, educación. Siempre estuvo para mí. Es para sacarse el sombrero con la institución porque además, ayudó mucho a mi familia. Siempre voy a estar agradecido. Ojalá pueda devolverle algo de todo lo que me dio adentro de la cancha y que se sientan identificados con mi forma de defender la camiseta”, finalizó muy agradecido.

La entrega de cada entrenamiento dio sus frutos.