Fútbol

Pellegrino, la confirmación del rumbo elegido

Todo Vélez se abraza y celebra después de cada grito de gol. Fueron 70 los festejos en la temporada.
Por Gabriel Montoreano

Terminó la temporada y el fútbol también sufrió las consecuencias de la pandemia. Vélez no fue la excepción pero, pese a todo, confirmó su camino ascendente en esta lucha desigual por mantener bien alto el protagonismo que demanda su historia.

El 23 de Noviembre de 2019, Flamengo se consagró campeón de América al derrotar 2 a 1 a River, en Perú. Al día siguiente, Vélez cayó 1 a 0 frente a Banfield, en el Sur. Hasta acá, no parece haber un factor común que vincule realidades tan dispares entre ambos cotejos disputados a 4.000 kilómetros de distancia. Pero un año y medio después, el Fortín y el Mengao definieron sus ubicaciones en el Grupo G, con el empate a cero del Maracaná, que puso punto final a la fase de grupos de la Conmebol Libertadores 2021.

Entre esas fechas pasaron cosas, porque a los pocos meses, el mundo entró en pandemia y ya nada fue igual. Se multiplicaron las muertes, se destruyeron economías y los daños colaterales de la tragedia, también los padeció el fútbol. Se hizo costumbre ver encuentros sin público y las condiciones financieras cambiaron a nivel internacional, pero especialmente a nivel local, porque entre otros factores, el dólar ya no costaba 57 pesos como por esos días, sino casi tres veces más.

Los cambios abruptos de estas variables fundamentales para administrar la empresa más grande o el hogar más pequeño, hicieron que el país, el fútbol y la institución no fueran la excepción. La coyuntura atravesó a todos los protagonistas, pero no todos pudieron sostenerse, pelear por crecer y seguir haciendo frente a imponderables tan condicionantes, de los que se conoce su fecha de nacimiento, pero no se sabe cuándo pasarán a ser historia.

Las comparaciones resultan odiosas, pero de aquella final limeña al presente, Flamengo sufrió las bajas de Rafinha (lo suplió con Mauricio Isla -marcador lateral de la Selección chilena) y el central Pablo Mari, reemplazado por Gustavo Henrique (ex Santos). El resto de sus figuras siguen en el club luciendo su chapa de gran candidato continental. En esos mismos 551 días, Vélez vio alterado su plantel y debió reemplazar a sus principales valores  para poder seguir en su escalada hacia los lugares de privilegio, incluso dentro del desfavorable contexto mencionado.

Estas bajas generaron ingresos genuinos que permitieron afrontar desafíos enormes como los de mantener una institución en pie, pujante y luchando por dar siempre un paso adelante, pese a las embestidas socioeconómicas que afectaron a todos los clubes, que hoy no tienen manera de emparejar deportiva o afectivamente, la oferta de dólares constantes y sonantes que llegan desde otras latitudes. Y Vélez no escapa a esa realidad.

En medio de un 2020 atípico, Mauricio Pellegrino, una de las glorias indelebles de la década dorada, llegó para ponerse al frente del proyecto futbolístico que tiene en sus manos la responsabilidad de seguir recorriendo este sendero ascendente que implica devolver al club a los sitios de gloria, que tantas veces disfrutó y que resultan recurrentes en el imaginario colectivo.

El técnico nacido en Leones y conocedor de cada rincón de la institución, debió aguardar más de 6 meses para poder debutar “sentado” en el banco de suplentes y comenzar a moldear la identidad que buscó para su equipo. Fue una tarea compleja que se afianzó con el paso del tiempo y los resultados. Para eso, contó con refuerzos que llegaron para sumar su experiencia a un plantel competitivo y encolumnado detrás de un mismo objetivo. La calidad de Federico Mancuello, los retornos de Santiago Cáseres y Ricardo Alvarez, la aclamada continuidad Ricardo Centurión, el crecimiento de Thiago Almada o la irrupción de Luca Orellano, fueron piezas vitales para devolver al club a los primeros planos. Si bien el objetivo máximo de todo proyecto es la obtención de un título, la elección del recorrido demuestra que el camino está marcado por la evolución y condicionado por los resultados.

La estadística pura respalda la tarea realizada y hace difícil cuestionar a un entrenador que desde su arribo acumuló casi el 63% de los puntos en disputa, cumpliendo el repetido axioma futbolero de que “lo importante es ganar”. El equipo en 7 meses de intensa competencia -eso duró la temporada 20/21- ganó 24 de los 43 encuentros disputados, igualó en 9 ocasiones y cayó en otras 10. Convirtió 70 goles y le marcaron 47 veces. Esos números transforman al elenco del Flaco en el segundo mejor de la temporada, el mejor del 2021 y lo ponen a resguardo de los tan temidos promedios, colocándose también segundo en esa tabla, a tres unidades de Boca. Basados en estos registros, la ilógica o desprolijidad del calendario argentino privó a Vélez de sumar una nueva conquista o luchar por ella hasta el final, aunque esto último es contrafáctico.

En el aspecto individual los números también arrojaron algunas curiosidades positivas. La primera fue el debut de 11 juveniles surgidos de La Fábrica, entre los que se destacó Agustín Mulet, el volante que sumó 17 encuentros y un gol en Primera. Las otras apariciones fueron: Joaquín García, Florián Monzón, Tomás Cavanagh, Facundo Cáseres, Federico Versaci, Matías Borgogno, Nicolás Garayalde, Marcos Enrique, Lenny Lobato y Mateo Pellegrino.

Una costumbre poco habitual fue la rotación permanente en el once inicial, con la idea de equilibrar las cargas y los minutos de cada jugador en cancha. Así, en las  semanas de doble competencia, las alineaciones cambiaron por completo de un cotejo a otro. Esto, sumado a los 5 cambios utilizados por partido, se vio reflejado en la suma de minutos de cada jugador en la temporada. En esa nómina, fue Lautaro Giannetti el que más tiempo estuvo en cancha (2948 minutos). Los otros 10 más usados por el entrenador fueron: Lucas Hoyos; Tomás Guidara, Luis Abram, Francisco Ortega, Pablo Galdames, Federico Mancuello, Luca Orellano, Thiago Almada, Lucas Janson y Juan Martín Lucero. 



Los logros de la temporada también se pueden medir desde los resultados finales en las distintas competencias. El pase a Octavos de la Conmebol Libertadores tras 7 años de ausencia y a la espera de definir esa instancia ante Barcelona de Guayaquil, despierta la esperanza más grande en este último tiempo.

Llegar a las Semifinales de un certamen internacional, -como en la Sudamericana 2020- fue una muestra de la recuperación, porque alcanzó una instancia clave tras 8 años, de los cuales en 6 ni siquiera participó. Y algo similar ocurrió con la Copa de la Liga Profesional 2021, en la que el equipo fue el mejor de la fase de grupos tras 13 fechas, lejos de sus perseguidores; pero chocó una vez más con el karma de los penales, en que esta temporada lo privó de avanzar en Cuartos de Final ante Racing y en la Copa Argentina ante Talleres.

Los números avalan la gestión de Pellegrino, aunque la transición desde el juego no fue simple, porque todo cambio cuesta y sólo el trabajo y el tiempo hacen posibles materializar las ideas y poder plasmarlas en cancha, incluso con todas las vicisitudes antes mencionadas. 

A su llegada, el ex entrenador de Valencia, Estudiantes, Independiente, Alavés, Southampton y Leganés, encontró un plantel que tenía como primer objetivo hacerse dueño de la pelota y llevar esa posesión a límites extremos, incluso entre los más altos del fútbol local, aunque no siempre la supremacía pudiera traducirse en goles o situaciones de peligro.

Hoy la posesión por sí misma no se muestra como un valor agregado al juego, porque generalmente el equipo tiene la pelota y la hace circular con criterio cuando necesita espacios para generar peligro, pero no muestra prejuicios cuando necesita proteger a su arquero y decide cederle campo e iniciativa a su rival. La idea de juego es flexible porque se adapta al adversario y a las circunstancias de cada partido. Esa elasticidad conceptual, sumada al roce internacional adquirido en estos meses, fortalecieron la idea de equipo duro, que se defiende mejor que hace un tiempo y que, por el aporte de sus individualidades ofensivas, siempre va a tener la chance de marcar.

Estos argumentos, apoyados en el trabajo y en la calidad individual de sus futbolistas, hacen que se disfrute un presente que es mejor de lo que la realidad propuso como desafío de un año a esta parte. El recorrido es sinuoso y lleno de obstáculos sanitarios, económicos y deportivos, que sólo pueden sortearse con esfuerzo y renovando el sueño de estar donde la historia lo exige. ¡Vélez está de vuelta y abrazado la ilusión que nos condena!