Fútbol

Veloz como un Rayo

Todo un símbolo. El pibe surgido del club y su reconocimiento. Foto: Hernán Mauricio
Por Carlos Martino

Luca Orellano es otro producto de calidad surgido de la inagotable cantera velezana que comienza a ser gravitante en primera. Al son de su gambeta, aportó golazos para una campaña memorable de Vélez en el plano doméstico e internacional.

El tiempo y su vorágine, no se detienen. La celeridad con la que suceden los hechos, es una imposibilidad al goce, al disfrute. Recapitular todos y cada uno de los hitos alcanzados, en plena competencia, es una tarea imposible, postergada.

En tiempos de descanso, aparece una luz de reflexión, de análisis. Instantes que permiten ver el camino recorrido, el que trajo hasta este punto en el espacio, tantos sueños y anhelos, el deseo consumado de verse consolidado en primera.

Un poco de todo eso le debe estar pasando por la cabeza a este pibe de 21 años, nacido en marzo del año 2000. Uno de los fieles exponentes a una gambeta frenéticamente ortodoxa, indescifrable. Ese talento moldeado en las fuerzas básicas que al contoneo de su cintura, en cada cambio de ritmo, remó el camino hasta aquí.

Luca Nicolás Orellano es uno de los jugadores más desequilibrantes de un rico plantel con el que cuenta Mauricio Pellegrino. El Rayo supo ser determinante en cada juego que le tocó jugar ya sea en las pasadas Copa Diego Maradona o CONMEBOL Sudamericana; o las recientes Copa de la Liga y CONMEBOL Libertadores.

Una zurda que dio sus primeros enganches en el Campeonato de Liga Metropolitana en su arribo a Vélez en 2016. Un campeonato allí (con vuelta incluída), más 8 dianas y 15 servicios a sus compañeros, le abrió las puertas de poder demostrar su calidad en torneos de AFA

De los viajes en bondi desde su Moreno natal hasta el Polideportivo en compañía de su mamá Silvana, a la citación en 2018 para sumarse por primera vez a la pretemporada del primer equipo en la Villa Olímpica. Un salto de calidad tremendo, acorde a su habilidad.

La estampa de un jugador formado y criado fortinero en el club.

En el medio, los altibajos lógicos y típicos del desembarco a primera, con todo lo que significa "cruzar la calle" en el predio de Parque Leloir. Porque de estar citado a entrenar con reserva, automáticamente al día siguiente, se vio tirando paredes con el Mono Vargas.

Debutó en noviembre de ese año en un puñado de minutos en Santa Fe, en la victoria ante Unión. Un mes más tarde, garabateaba su firma en el primer vínculo contractual por el club (contrato que ya tiene una renovación reciente en el haber).

Con la 32 en su espalda que se transformó en 14 cuando su rendimiento fue en crecimiento en cada partido. De sumar partidos y goles en la división reserva, a ser determinante en el primer equipo y jugando en el último año, una gran cantidad de partidos.

Llegaron los goles. Esos que nacieron en sus sueños y que se reflejaron en el verde paño, con el andar de su gambeta. Gimnasia en La Plata para un agónico empate y el primero suyo en la máxima categoría. La hermosa bomba que soltó en Chile ante la Católica para una clasificación histórica a semifinales de la CONMEBOL Sudamericana. Talleres en Córdoba, Banfield en San Juan, Unión en Liniers, La Calera en Chile con una corrida descomunal y una definición sublime. Todos golazos.

El nefasto COVID le puso un freno en dos oportunidades; siendo el más reciente, el que le impidió estar en el Maracaná cerrando la fase de grupos de la CONMEBOL Libertadores junto a sus compañeros.

Así por todo lo contado en este breve lapso de tiempo, es común ver por el club a los hinchas lucir su camiseta con su número y apellido.

Todo pasa rápido y por eso es necesario un tiempo de análisis, de repasar lo conseguir para redoblar la apuesta. Todo pasa veloz, como él con pelota dominada encarando como un rayo el arco rival, mirando a los ojos a un portero que se sabe vencido.

Luca quiere redoblar la apuesta en la segunda parte de año.