Fútbol

Gritalo, Pibe

Por Diego Guitian

A los 19 minutos del segundo tiempo, apareció su cabezazo para firmar el 3-2. Cuenta los partidos que jugó en la máxima categoría con los dedos de una mano pero ya se estrenó en la red. Agustín Mulet, un 5 que promete.

Estar en el momento justo, en lugar indicado. Para meter un testazo goleador o si vamos unos meses hacia atrás, para saberse paciente y aguardar su oportunidad. Agustín Mulet arrancó el 2020 con la ilusión de competir en su segundo año de Cuarta División y también seguir sumando minutos en Reserva. Sin embargo la pandemia tiró los planes al diablo. No quedaba otra que entrenar vía Zoom desde casa bajo las órdenes de Marcelo Bravo y el Profe Andrés Rodríguez.

El año se iba consumiendo de a poco, muy lento para el pibe que anhelaba volver a la Villa Olímpica. Los días, los meses mejor dicho pasaban...y nada más quedaba que persistir firme en casa, haciendo lo mejor posible.

Miércoles 26 de agosto. 18 jugadores que conformaban el grupo de apoyo de la Reserva, retornaron a los entrenamientos presenciales y entre ellos, la figura del partido ante Godoy Cruz. Agustín miraba del otro lado de la calle y entre Fernando Gago, Ricky Álvarez, Pablo Galdames, Mauro Pittón, Nicolás Garayalde, Marcos Enrique, Facundo Cáseres y un tiempo después el arribo de Federico Mancuello, no debería ser fácil imaginarse entrenando junto a ellos, todos competidores en su mismo puesto.

El 11 de noviembre acotenció la noticia que irrumpió en los portales de fútbol: Gago anunciaba su retiro profesional y desde ahí, todo cambió para el volante nacido en Villa Luzuriaga

Mauricio Pellegrino lo convocó a Mulet para que se sumara al primer equipo. Nada volvió a ser como antes. De integrar un plantel de Cuarta División, sin tantos partidos en Reserva, empezó a pelear por un lugar entre los casos de COVID de sus compañeros y a fines del mes 11, viajó con la delegación rumbo a Colombia para ir a buscar la clasificación a Cali. Heredó el dorsal de Pintita y esa camiseta con el 6 en la espalda (en el Torneo usa la 15), desde hace un tiempo ya está enmarcada y colgada en una de las paredes de la casa de Papá Flavio, el que le transmitió a su hijo el amor por El Fortín.

Desde el debut oficial ante la Universidad Católica el 8 de diciembre en Liniers a hoy, Agustín jugó 5 partidos con la V en el pecho. A su entrega total que mostró en aquel partido, comenzó a agregarle reiterados quites en la línea media y una correcta entrega vertical del balón a sus compañeros. Juega para adelante, toma riesgos y no por eso bajan sus estadísticas, dado que ante el Tomba de 55 pases, acertó el 89%. Él, como tantos otros que lo antecedieron, encarna la estirpe de un típico volante formado en La Fábrica: temperamento para luchar y calidad para jugar.

De aquel gurrumín que con 8 abriles se iba a probar al Club de sus amores, a este volante de casi 21 y de 1,84 metros, pasó un vida. Y como tal, se bancó jugar, alternar rendimientos, esperar en el banco, no ser citado y ver como otros compañeros de menor edad llegaban antes que él. Antes de perder la fe dentro de un 2020 que maduraba desesperanzador, se aferró a sus condiciones y esperó su chance que llegó por el retiro de un crack. Estar en el lugar justo, en el momento indicado; que el destino te guiñe un ojo, pero siempre vos tenés que darlo todo.

Y ahí estaba Agustín, esperando un centro perfecto de Mancuello. Primereó a su marca y ganó en las alturas para decretar el gol de la victoria.

Mirá si no lo ibas a gritar cómo lo gritaste, pibe