Fútbol

“Sueño con ganar algo con Vélez”

El futuro que es presente en Vélez. Almada es un producto genuino de la cantera velezana.
Por Carlos Martino

Thiago Almada es una de las banderas de la Fábrica de Vélez en el fútbol grande de la Argentina. Una entrevista al pibe del que todos hablan; mientras él se esfuerza en cada entrenamiento, para hablar cada vez más fuerte dentro del campo de juego.

En su escalada ascendente dentro del fútbol nacional e internacional, el 2020 se presenta como un año duro, difícil. Para todos. Para el mundo entero. Sin competencia y rezando por la salud de los propios.

La pandemia global por COVID puso en pausa al planeta y en alerta roja a la población más vulnerable. Todo se detuvo en un letargo interminable, a la espera de la bendita vacuna que ponga fin a este calvario.

En ese contexto, sus enganches fugaces, su gambeta vertiginosa; se limitaron a los metros cuadrados de su hogar. Cambió la número cinco por una pelota mini, para mostrarse en las Stories de Instagram en algún rincón del living, despuntando el vicio del mago. Tal vez, dejarla así de pequeña, fue su nuevo truco.

 “Fue todo una locura. No estamos acostumbrados a estar encerrados mucho tiempo, más que nada para nosotros que entrenamos todos los días y llevamos una rutina movida, se hizo muy complicado”, recuerda Thiago Almada esos meses interminables de aislamiento social.

Las actividades deportivas en la Argentina se cancelaron promediando el mes de marzo. El joven de 19 años criado en Fuerte Apache, eligió volver a vivir con sus padres para sobrellevar el confinamiento en soledad. “Me mudé con mis viejos en plena pandemia y ahí pude estar un poco mejor”, afirma mientras aclara riéndose que “la vieja hacía de todo”.


“Ojalá el fútbol vuelva lo antes posible. Necesitamos volver a competir. Van a cambiar cosas, espero que no sean muchas”.


El virus lo golpeó de cerca. En los primeros días de agosto, justo cuando volvían los entrenamientos presenciales, contrajo el coronavirus. El testeo dio positivo. “Estábamos muy preocupados por la familia más que nada. Por mi padrino que contagió a su padre, que es un señor grande. También por mi viejo y mi vieja que también se contagiaron”.

En su relato se percibe la preocupación que lo marcó por esos días. La incertidumbre de una enfermedad desconocida para el mundo entero. “En lo personal no tuve muchos síntomas, pero ellos sí, bastantes. Por suerte no fue nada más grave”.

Fuera de todo riesgo, el tiempo en casa sirvió para afianzar relaciones con sus compañeros y amigos de Vélez. La tecnología jugó a favor en este tiempo y para un pibe, los juegos en red terminan siendo un cable a tierra necesario entre tanto entrenamiento y confinamiento. “En cuarentena me envicié mucho con el Call of Duty en la Play. Jugaba con mis compañeros como Braian (Cufré), Rober, De La Fuente. Jugábamos casi todas las tardes. Después, cuando se empezó a abrir la cuarentena, empecé a entrenar con un profe a la tarde y a la mañana en el Zoom con el club”.

Hoy se lo ve feliz. Sonriente cada vez que la pelota llega a sus pies en el verde césped de Parque Leloir. Los ojos destellan ese brillo del niño que juega a la pelota y sus compañeros lo sufren. Esas son las ganas acumuladas de volver a brillar. “Todos los días decía –Qué ganas de ir a entrenar, de ponerme los botines, de ir al club, de hacer vestuario-. Nunca me pude acostumbrar a estar en casa. Hoy disfruto mucho de poder entrenar todos los días”.

En medio de la cuarentena se presentó Mauricio Pellegrino como flamante entrenador de Fortín. Fueron horas y horas de Zoom hasta el momento de la presentación cara a cara pero a dos metros de distancia y protocolo mediante, introducir la idea del DT. “Nos estamos adaptando muy bien a todo lo que nos pide el cuerpo técnico” “Se presentó por Zoom y después tuve la oportunidad de conocerlo en la Villa Olímpica”.

“Sueño con ganar algo con Vélez”, asegura el Guayo en una de sus respuestas. Si Vélez hoy tiene la oportunidad de volver a alcanzar la gloria, es en gran parte por él. Aquel desenlace agónico en Ecuador subió la vara del nivel de madurez en su estirpe de crack. Doce pasos para mantener con vida a un equipo que sueña en grande. “Recuerdo mucho ese gol con Aucas porque habíamos pasado un viaje muy feo, sufrimos mucho cuando aterrizamos. Hubo muchos jugadores que se sentían mal. En el partido no se nos daban las cosas, pero por suerte le hicieron el penal a Lucas y pudimos pasar. Sufrimos bastante”. Además, se sincera en todo lo que se le vino a la mente en el momento de enfrentar al arquero del Aucas. “En un momento se me pasó por la cabeza la idea que si lo erraba quedábamos afuera. Ahí me concentré y dije -ya está, voy a patear-“.

La cantera velezana es de las más fructíferas de nuestras tierras y de continente. Las camadas de juveniles que alcanzan la primera división es elevada y Almada es uno de los primeros en su categoría que dio el salto generacional grande. “Es algo muy lindo. Cada jugador tiene lo que se merece. Uno pelea por lo que quiere y eso tarde o temprano llega. Queda en cada uno adaptarse y sumarle a la primera. Es muy lindo tener a los 2001 como compañeros ahora en primera, compartir vestuario. Compartir cosas con el Colo (Barroza), Joaquín (García), Feli (Di Lena). Siempre nos llevamos muy bien”.

El Guayo. Control y habilidad en estado puro.