Fútbol

El dueño del grito de gol

Por Carlos Martino

Lucas Robertone es uno de los jugadores top de este Vélez que tomó por asalto el podio de la pasada Superliga, que volvió a los planos principales del fútbol local y que busca recuperar la jerarquía ganada en el continente. El goleador de la Era Heinze, con la calidad exquisita de su botín diestro, entre los MVP de la temporada.

Cada control orientado que nace de su pie, tiene un destino y un objetivo claro. Cuando el 16 de Vélez juega, indudablemente juega Vélez.

Allí, en posición de 10, jugando a espaldas de los volantes rivales y filtrándose por los pasillos que regala la defensa para hacer daño.

Sus 12 dianas en Primera División sirvieron en su totalidad para varios objetivos colectivos. No sólo engrosaron sus números goleadores, cada tanto aportado en la campaña ayudó tanto a salir de las zonas de penumbras como para mantenerse en los puestos de elite.

Pero no todo ha sido fácil en su arribo a la máxima categoría del fútbol doméstico. No todo fue color de rosas para este joven nacido en Concordia, que arribó al club en 2010 con melena enrulada y vincha.

Debutó en el primer equipo de la mano de un histórico y grande Christian Bassedas en su etapa como entrenador. La calidad de Rober se veía desde lejos y se hacía imposible para el Campeón del Mundo con Vélez en 1994 dejarlo afuera de su esquema. Hizo lo posible para generarle un hueco en el equipo y allí, pudo mostrar destellos de su calidad.

La partida de Bassedas y el arribo de Omar De Felippe significaron mucho más que un simple cambio de entrenador para él. El DT entrante lo devolvió a inferiores, con el compromiso de observarlo en sus rendimientos para saber si podía certificar su vuelta. Fueron tiempos difíciles, como lo comentó en una entrevista al Sitio Oficial. “Lo dije en su momento cuando retorné a Primera. Me sirvió bastante para aprender haber vuelto a la Cuarta. Nunca más tengo que bajar los brazos en los entrenamientos, ningún día, porque no se puede regalar absolutamente nada en esta profesión”.

Volvió desde donde pocos vuelven y mire si volvió. Con Heinze al mando del fútbol del Fortín, Robertone marcó sus mejores registros con la V azulada en su pecho. Encontró la posición dentro del equipo al punto tal que no salió, salvo por lesión. Se volvió una pieza fundamental para el esquema, dentro de la columna vertebral del equipo; al punto tal que cuando todos pedían titularidad para el virtuosismo de Thiago Almada, su nivel lo ratifican como titular indiscutible.

73 partidos en el club cuenta en su biografía. 12 goles que abrieron la cuenta nada más ni nada menos para batir al River de Gallardo de andar invicto en su visita al Amalfitani a principios del año 2018. Doblete en Temperley donde estrenó su calidad exquisita a balón detenido, una de sus principales virtudes. No hay barrera que resista su remate. También para mostrar que definir a un toque bajo el arco puede ser un golazo como un remate tremendo desde afuera como el último en Santa Fe. Dueño absoluto de los mejores gritos de gol de la última época.

Tuvo la oportunidad de vestirse de celeste y blanco preparando el preolímpico de Colombia, torneo que no disputó por una maldita molestia física que lo marginó. Allí se juntó con Matías Vargas, jugador con quien hizo una sociedad fantástica en Vélez en varias de sus conquistas.

Su nombre supo aparecer en las portadas de varios diarios del viejo continente. Su nivel y calidad es tentación para los clubes que apuestan a los valores sudamericanos. No será extraño que Lucas vuelva a colocarse por sus rendimientos en las marquesinas del fútbol de allá cuando el mundo vuelva a la normalidad tras la pandemia.

Mientras tanto, Vélez lo disfruta y lo valora. Robertone, uno de los tantos valores surgidos de la cantera que ayudaron a la institución en el momento más crítico y que siguen aportando para la grandeza de la institución.