Fútbol

México lindo y querido

La década del 40 arrancó con una gira del primer equipo velezano por la zona del Pacífico. Vélez debutó el 1 de enero derrotando al América por 3 a 0 en el Estadio del Necaxa. Los dirigentes, a su regreso y seducidos por las condiciones mostradas en México, gestionaron el pase del potente delantero, ídolo en sus pagos, Luís ?Titi? García Cortina. Así empieza esta historia de mexicanos con la camiseta de Vélez.

Justo es reconocer que nuestros hermanos del Norte también nos enviaron para que disfrutemos a compositores como Manzanero o Agustín Lara; cantantes como Luis Miguel y Vicente Fernández; plumas Nobeles como Octavio Paz; artistas talentosos como Frida Kahlo y Diego Rivera; entretenedores sublimes como ''Cantinflas'' o ''El Chavo''; y culos maravillosos como el de Thalía.

La década del 40 arrancó con una gira del primer equipo velezano por la zona del Pacífico. El plantel contó para esta ocasión con los refuerzos de los futbolistas Carlos Colosía y Oscar Irazoqui de Atlanta; y Raúl Santizo y Juan Gayol de Argentino de Quilmes. Vélez debutó el 1 de enero derrotando al América por 3 a 0 en el Estadio del Necaxa copado por 15000 espectadores.

 

La delegación disputó durante la travesía, que demandó tres meses, 10 encuentros: 6 en tierra azteca, 1 en San Salvador y 3 en Chile; cosechando en el positivo balance 6 triunfos, 2 empates y 2 derrotas. El conjunto convirtió 32 tantos y recibió 18. El goleador de la exitosa expedición resultó ser el centroforward bohemio Colosía con 17 conquistas.

 

El 8 de marzo, día del regreso en barco del representativo (en la época nada de aviones ni micros con aire acondicionado), una multitud de socios e hinchas agasajó a los jugadores que traían sus equipajes repletos de trofeos.

 

Los dirigentes, encabezados por el Vicepresidente Roberto Orstein, avalados por el entrenador y seducidos por las condiciones mostradas en los cotejos desarrollados en México, gestionaron el pase del zurdo y potente delantero, ídolo en sus pagos, Luís ?Titi? García Cortina, quien luego de superar la revisión medica y tras la aprobación de su incorporación por el resto de la Comisión Directiva, se transformó en el primer jugador mexicano en firmar una planilla en el Fútbol Argentino.

 

El amanecer de la aventura de García Cortina con la V azulada resultó auspicioso. Coronó su presentación en canchas criollas con dos anotaciones y repitió la secuencia en la jornada posterior frente a Racing, abandonando en esa oportunidad el terreno de juego en andas de los enloquecidos fanáticos del Fortín. En la octava fecha ya ocupaba el segundo lugar en la tabla de artilleros detrás del ibérico Isidro Lángara. Entusiasmado por sus propios rendimientos y por el trato que le dispensaban los seguidores fortineros, el popular ?Titi? decidió invitar a sumarse a las filas de nuestra Institución a su colega, amigo y connacional Luis de la Fuente y Hoyos, apodado ?El Pirata?, un volante ofensivo dueño de virtudes técnicas excepcionales, con pasado exitoso en el Racing de Santander y en esos momentos en conflicto con el Club España propietario de su ficha. ?El Pirata? desembarcó (obviamente en barco) en nuestra tierra el 23 de junio de 1940 y de inmediato se puso a las órdenes del DT  de turno.

 

Al igual que Cortina, Fuente debuta con dos conquistas ante Atlanta y cautiva e hipnotiza a los medios periodísticos y a los aficionados por su categoría, su elegancia, su peligrosidad en el juego aéreo y su facilidad para la gambeta y el dribbling.

 

Pero??.?No todo lo que brilla es oro? cantaba GIT a mediados de los 80. Una lesión margina a ?Titi? del rectángulo verde por el lapso de 4 cotejos y a su regreso, el entrenador Tramutola, que no lo contaba entre sus preferidos, le soltó la mano, le escondió los botines y lo desafectó definitivamente de la alineación titular. La prematura y vertiginosa fama del cuate duró entonces, lo que dura la pasada de Vettel por la tribuna central de un autodromo. Según las malas lenguas, el abultado y oneroso contrato de Cortina provoca la envidia y el resentimiento de sus compañeros que colaboran solidariamente (unos garcas) con la cuestionada decisión del mencionado técnico. García Cortina retorna a su terruño en avión, y ese, su  viaje inicíatico a través de ese medio, le genera una fascinación y un asombro que le hacen modificar el rumbo a su vida. A los 29 años, Cortina anuncia su retiro de la práctica activa del fútbol e inicia una carrera como piloto aeronáutico. Rumores malintencionados, poco creíbles, lo vinculan a un emprendimiento comercial gastronómico. Dicen, -yo no lo vi-, que apadrinado por Diego de la Vega, y protegido por ?El Zorro? de las garras impositivas del maldito Capitán Monasterio, se dedicó a la venta de tamales en Monterrey y que sus clientes más famosos eran el Cabo Reyes y el Sargento García.

 

No tarda mucho en llegar el ocaso de ?El Pirata?. Caído su camarada en desgracia y en medio del derrumbe del equipo y del Club, quizás victima de depresión, Fuente baja considerablemente el nivel de sus perfomances y también pierde su lugar entre los habituales titulares. Envuelto en la debacle generalizada, crisis económica y deportiva mediante, y viendo que la Institución se va a pique e irremediablemente pierde la categoría, -como finalmente sucedió-, Fuente y Hoyos le reclama a las autoridades velezanas una voluminosa deuda para con ese dinero acelerar su despedida. La respuesta fue, supongo yo, ?No hay un sope, andá a cobrarle a Hernán Cortés? (en ese entonces no había ni pasto para la oveja cortadora de césped del padre de ?Lelo? García, menos había guita para garparle a un foráneo), por lo que ?El Pirata? emprende la vuelta al lugar donde nació en 1914, literalmente en pelotas.

 

Su futuro fue mucho más venturoso dentro del ámbito deportivo. Fuente, ?La Leyenda del Puerto Jarocho?, es considerado por analistas, junto con Hugo Sánchez, como uno de los mejores jugadores mexicanos de la historia. Fallecido en 1972 (antes de morir casi pierde una pierna a causa de la ateroesclerosis que lo aquejaba, lo que lo hubiera transformado en ?El Pirata cojo? de Joaquín Sabina), el estadio del Veracruz, entidad en la que se consagró como prócer y en la que años después brillaría Jorge Comas, fue bautizado con su nombre en reconocimiento a su destacada trayectoria y como homenaje a los títulos logrados defendiendo la casaca de los ?Tiburones?.

 

Las estadísticas, frías y despiadadas pero reales, señalan que ?Titi? marcó 7 goles en 13 presentaciones, y ?El Pirata?, 5 tantos en 16 actuaciones. Números pobres e indigentes, cercanos al fiasco. Lapidados por los cronistas especializados y el público en general, y acabado el glamour inicial, los aztecas dieron un rápido adiós. Si algo se llevaron de su paso por Vélez fue el triste privilegio de ser partícipes del único descenso del Club en sus cien años de existencia. Las paradojas del fútbol: Sus llegadas motivaron una enorme ilusión, y sus salidas, entre gallos y medianoches, un coro interminable de puteadas.

 

Pasó algo más de medio siglo y el relato volvió a repetirse. La transferencia de un emblema fortinero, Fabián Cubero, (Emigró en un gran momento personal. Su unión con Nicole Neumann lo convirtió en ídolo para todas las hinchadas rivales que olvidaron las murras que reparte cada fin de semana y lo veneraban por su masculininidad comparándolo incluso con George Clooney) tentado por las playas de Acapulco y los billetes mexicanos, abrió un hueco gigante en el lateral derecho que el marplatense llenaba con oficio y eficacia.

 

Ricardo La Volpe, entrenador de ese ciclo, confiando en su sapiencia o su ojo clínico, recurrió al marcador chamaco Mario ?Tachi? o ?El Astroboy? Méndez, integrante acostumbrado de su selección nativa, seguro de cubrir convenientemente la vacante dejada por ?El Poroto?.

 

El interrogante sobre la capacidad de ?El Astroboy? quedó develado prontamente. Su paso por Liniers fue aun más opaco y gris que el de sus compatriotas antecesores. Una declaración del Bigotón lo cargó de responsabilidades, ?Conoce todos los secretos de la posición. Se adapta a tres o cuatro en el fondo sin problemas?. Nos equivocamos, no leímos entrelíneas. En apariencia, ?Tachi?, era parte de una banda de Mariachis conformada por cuatro músicos que ofrecía serenatas en domicilios del conurbano bonaerense. El cantante de la banda periódicamente se pegaba unos tequilazos y se ausentaba de las romanzas, teniendo Méndez que ocupar su puesto y esa era la adaptación a la que se refería el ex arquero de Banfield y San Lorenzo. De defender o atacar, poco y nada.

 

Durante su estadía en México, Cubero revisó los antecedentes de los compatriotas de Méndez que integraron nuestra plantilla en los 40, analizó el duro desenlace del pasado que incluyó la pérdida de la divisional, visualizó un panorama similar, y su amor por Vélez decidió la vuelta a casa para rellenar el agujero y conseguir dos nuevas medallas.

 

Méndez Olague (39 pj, 0 goles) huyó de retorno a la cuna de Pancho Villa (actualmente juega en el Toluca) y adquirió el fondo de comercio del antiguo restaurante de ?Titi? Cortina. Ubicado detrás del mostrador, se deleita cocinando tamales, tacos y frijoles que degustan con ganas ?Doña Florinda? y ?La Chilindrina?.

 

?Titi?, ?El Pirata?, ?Tachi? y otros esperpentos disfrazados con pantalones cortos y botines como García Aspe (en River) y ?El Pájaro Hernández (en Boca) son ejemplos de frustraciones que importamos de México. Ninguno logró sortear la experiencia porteña con algo de decoro. Justo es reconocer que nuestros hermanos del Norte también nos enviaron para que disfrutemos a compositores como Manzanero o Agustín Lara; cantantes como Luis Miguel y Vicente Fernández; plumas Nobeles como Octavio Paz; artistas talentosos como Frida Kahlo y Diego Rivera; entretenedores sublimes como ?Cantinflas? o ?El Chavo?; y culos maravillosos como el de Thalía.

 

Nosotros fuimos igual de generosos. En las canchas se cansaron de aplaudir y ovacionar las gambetas del Charro Moreno, los goles de Comitas o los vuelos del Gato Marín. Rencorosos y pícaros, tal vez como revancha por aquellos frustrantes atletas del balompié que nos endosaron, supimos enchufarles sin vaselina un largo período a Jorge Lafauci; los torturamos cuarenta años con Libertad Lamarque haciendo de abuelita buena en telenovelas o martirizándolos con su voz chillona cantando ?Besos Brujos?; y completamos el combo encajándoles  al ?Turco Mohamed? que vendió humo con sus cortes y teñidos de pelo casi diez temporadas.

 

Somos argentinos. Nadie nos caga. La venganza es el placer de los dioses y estos viven en nuestro país. ?Ojo por ojo, diente por diente? y a llorar a la iglesia.

 

Gabriel Martínez