Cultura

LA VUELTA DEL PERRO

Con motivo del Concurso Literario ?Historias de mi Club? hemos recibido en el Departamento de Cultura una serie de obras que queremos compartir con todos ustedes. Hoy Jueves 12 de Mayo , publicamos el cuento premiado con el 4° puesto, LA VUELTA DEL PERRO, Autor RUBÉN LORDI.

4° Premio “ LA VUELTA DEL PERRO”

RUBÉN LORDI. Seudónimo: RUBÉN DEL SUR


 

La vuelta del Perro

El Perro Sosa siempre me había parecido un tipo fuera del común  existente  en mi barrio cuando compartíamos  nuestros juegos de infancia y luego nuestra inquieta adolescencia, era distinto, de una cepa diferente a nuestra medianía.  Era osado, se atrevía a las cosas más extrañas y a veces peligrosas  que se nos ocurrían con tanto ocio generado  en la muchachada.    

Le gustaba mucho  leer, sentía pasión por los libros y era admirador y ferviente lector de Borges. Conocía  todos sus cuentos y relatos, y recitaba sus poesías de  memoria. En una época en que nosotros  aún   no habíamos superado el Patoruzú y el Rico Tipo, el Perro  nos hablaba de Borges y sus  laberintos y ruinas, de guapos y entreveros, de héroes mitológicos y dioses escandinavos,  y nos recitaba milongas y poesías que hablaban de barcos y mares, y calles y puñaladas. Y en  algunas  tardes de delirios sacaba de adentro toda su imaginación y nos contaba de un agujero  que había en la escalera de su casa que daba a las habitaciones superiores – un supuesto Aleph Borgiano-   y que veía a través de él infinidad de cosas personajes, situaciones, eventos y circunstancias y  todas ellas relacionadas con Vélez. Así espiaba y podía ver según sus propias palabras, por el pequeño hueco y  al mismo tiempo a Rugilo volando de palo a palo para sacar una pelota imposible y a Willington clavando un tremendo pelotazo en el ángulo,  a Pichino y alguna de sus corridas solitarias  con  la pelota descansando en la red contraria, a todas las formaciones de los equipos de primera desde los inicios, a la canchita de la calle Basualdo, al Tano Amalfitani , al Beto Conde junto a Bianchi , a Spinetto , al turco Whebe , y así por horas y horas  nos contaba con tanta enjundia y pasión que terminábamos por creer que todo lo que nos decía era real.

Cuando lo conocí ya traía el apodo, y nunca  le pregunté el origen del mismo porque daba por sentado  que estaba relacionado con  su carácter y su personalidad .

—Como un perro fiel que soy —me decía—,  yo voy a estar siempre al lado de Vélez, cuando haga  falta y más aún en los  eventos importantes, en los imprescindible, en los que escriben la historia.  Demás está decir que el Perro era ferviente hincha de Vélez, fortinero  hasta la médula.

Entonces, encontrarme con él en la cancha  en esa tarde del año  1995 no me extrañó y trajo a mi memoria  recuerdos de mi infancia y de mis amigos de mi viejo barrio de Villa Luro.

Los nervios me estaban devorando cuando el réferi terminó el primer tiempo.

Había saltado,  gritado, cantado y alentado y no había dejado de moverme y descargar tensiones, y aun  así sentía que los  nervios iban a hacerme explotar la cabeza. La muchedumbre que me  rodeaba no estaba mejor. Se notaba en los rostros la tensión y la ansiedad del momento.

Me senté con esfuerzo en el reducido espacio  que pude encontrar en la nutrida tribuna y  en ese Instante   oí una voz al lado mío que  decía –Qué manera de  sufrir ,  no ?  ¡Qué sufrimiento  por favor  che !

Me extrañó el sonido  de la voz, me sonó conocida pero no pude identificar a quien pertenecía,   y giré  mi cabeza y lo ví  entonces sentado a mi lado .

—Perro, ¿cómo estás?  ¡Hace tanto tiempo que no te veo!  —atiné a decirle,  y levantándonos nos abrazamos  como dos amigos entrañables.

Y de inmediato comenzamos a charlar y recordar de tiempos viejos, de cosas y amigos  comunes y circunstancias que habían sucedido en nuestra infancia y adolescencia , siendo  jóvenes llenos  de vida,  rebosantes de entusiasmo,  planes y alegría .

Cosas relacionadas con nuestros juegos, la escuela, el barrio y los vecinos,  los primeros bailes , los  asados en las casas familiares, los cumpleaños y por sobre todo aquellas cosas  relacionadas con  el Fortín, con el Club y su gente.

El Perro Sosa estaba igual que como yo lo  recordaba , parecía que los años no habían  pasado para  él. El mismo rostro, su particular sonrisa contagiosa e imaginé  que aún conservaba su audacia,  su empuje para encarar  las cosas más atrevidas y las que parecían  imposibles.

—Hace mucho  que no vengo a la cancha  —me dijo—,  pero hoy no podía faltar, no podía fallarle al Fortín, nos jugamos una partida importante y difícil y tenía que estar para alentar al equipo, tenía  que venir como fuera.

Un pensamiento  me vino entonces a la cabeza y me quedé un instante cavilando, pero no pude distraerme  mucho en ello porque ya habían entrado los equipos y estaba por comenzar la segunda   parte del partido, el tiempo había volado mientras hablábamos .

—Vamo Vélez que falta poco,  vamo carajo —dijo el Perro. Y el vamo vamo me sonó  conocido , lejano  y  familiar.

—Vamo Vélez a ganar vamo  —, grité entonces también  acompañándolo . Y cientos, miles de gargantas   al unísono repitieron el grito de guerra , rugido, arenga infernal que inflamaba a quienes  la propalaban y llegaba al alma de los guerreros que con la camiseta de la V azulada iban  tras la victoria  anhelada por todos.

Y comenzó el segundo tiempo y todo siguió tal como durante el primero, con Vélez dominando y mereciendo  ir en ventaja , pero estábamos empatados cero a cero y los nervios de nuevo se adueñaban    de las  miles de almas  fortineras. Entonces  llegó el gol del  Turu , y con él una cierta  tranquilidad  que duró lo que dura  un suspiro porque  Vélez  manejaba el partido, pero ya se sabe que 1 a 0 no es un resultado seguro, que en cualquier momento un error o una jugada fortuita y nos empataban y se iba a complicar la cosa.  Había que cerrar el partido , hacerles otro gol y chau. Pero  el gol no venía , y a veces Belgrano se agrandaba y nos llegaba y aumentaba la tensión y nuestros nervios y se nos secaba la boca de gritar y gritar.

El Perrro  también  sufría y gritaba como yo y rogaba por otro gol  y puteaba a la mala suerte que nos impedía consolidar la superioridad  de juego y de equipo que en la cancha estábamos demostrando. Y yo lo miraba a veces  cuando alguna cierta tranquilidad o espejismo de ella  me daban el sosiego  y  me permitían , y quería aclarar mis pensamientos y ordenar mis recuerdos . pero nuevamente una circunstancia del juego y el rugido de la muchedumbre por una ocasión perdida o una nueva oportunidad desperdiciada me volvía a la acuciante realidad del partido, y otra vez a saltar y alentar y al  “vamo-vamo  a ganar “.

Y Vélez seguía empujando y Belgrano defendiendo y tratando de llegar con alguna escapada, con algún intento del solitario delantero que habían  dejado por decoro, y a veces se le arrimaba algún otro y simulaban que querían emparejar pero lo único que conseguían era ponernos nerviosos a nosotros , los  que desde la tribuna cortábamos clavos por cualquier pavada, porque los guerreros de la cancha, los de la camiseta con la V la tenían  muy clara y estaban tranquilos y conocedores de su superioridad , y el Pelado que los dirigía  y los muchachos del banco de suplentes también, pero nosotros , el Perro, yo y miles de gargantas sufríamos y puteábamos y rogábamos por el gol que nos diera una diferencia más amplia  y tranquilizadora.

Y entonces , cuando la temperatura había llegado a su máximo soportable, cuando parecía que íbamos a sufrir hasta el final aunque fuera inmerecido, entonces   llegó el momento  mágico, el glorioso instante  en que el elegido de los dioses se ilumina y produce  la genialidad que lo va a acompañar durante toda su vida, el acto por el que será recordado y endiosado por los amantes del  fútbol , y por sobre todo por los apasionados velezanos que estábamos en el Amalfitani  esa tarde . Entonces es cuando la recibe  el Beto Camps en tres cuartos de cancha y por arriba se la tira al Turu que inicia su acto de magia futbolera,  saca la varita y  deja desairado    al arquero  que había salido a lo loco  y que se come el amague y se  arrastra por el césped dando risa, otro toque de varita y  se filtra entre el arquero y  un defensor, y pica y entra al área y cuando le sale el último defensa  celeste vuelve a frotar la varita y lo elimina  abriéndose hacia la izquierda y dispara al gol concluyendo su monumental obra. Y se produce la infernal gritería y la avalancha de gente que baja las escaleras disparada hacia el alambrado como si quisiera traspasarlo y fundirse en un abrazo con el goleador  y los otros diez jugadores que ya estaban haciendo una pila humana festejando sobre el cuerpo de éste.

Y yo también bajé corriendo las escaleras abrazándome con quien se me cruzaba  y gritando a más no poder hasta quedarme sin voz y la garganta se me quebraba y seguía gritando enronquecido y loco de alegría  por el gol, por el campeonato, y por la maravilla artística que había tenido la suerte y el privilegio  de presenciar.

Después no me acuerdo más, supongo que seguimos cantando y gritando y vivando y seguimos con el vamo-vamo aunque ya no hiciera tanta falta , pero los himnos no se dejan de cantar , porque los cánticos de guerra no se apagan según las circunstancias, porque siempre hay que vivar . en las buenas o en las malas, y más en ese momento sensacional de nuestra historia en que el triunfo sobre el sufrimiento , sobre la adversidad , había sido  tan claro y  tan terminante  y por sobre todas las cosas había culminado con un gol sensacional, con una obra de arte producida y ejecutada por un artista salido del  semillero velezano.

Al Perro Sosa lo perdí de vista y ya no volví a verlo. No sé si fue durante la avalancha luego del gol  que me catapultó escaleras abajo o durante la salida de la cancha  cuando aparecí en la calle transportado  en vilo por una multitud sudorosa , cantarina  y alegre .

Fue una lástima porque me quedaban algunas preguntas que me hubiera gustado hacerle, porque había recordado de pronto  que el Perro  había muerto hacía ya  muchos años en un estúpido accidente y yo  con los  muchachos de la barra habíamos estado en su velatorio haciéndole   el aguante para  luego  acompañarlo hasta su última  morada.

Después,  pensando y recordando  ya tranquilo,  no me llamó la atención  su presencia, su conversación , sus gestos, su  comportamiento tan natural e igual al de  cuando éramos compañeros de juegos y bromas,  no me asombró tampoco el que hubiera regresado de quien sabe dónde tan sólo para alentar a su querido Vélez.

Es que en esa mágica tarde de domingo hacia fines del año  95 todo había sido especial, místico, sobrenatural.  ¿O acaso el gol  del Turu Flores no había sido también un gol de otro mundo  ?

Rubén del Sur - Octubre de 2015