Fútbol Amateur

Amor por sus colores y servidores de por vida

?Toda una vida dedicada a Vélez?. Una frase que es muy común escuchar en la voz de cualquier hincha fanático, esos que entienden que al tiempo bien empleado no hay nada como un amor correspondido y certificado, mínimamente, con un carnet de vitalicio. Roberto Martínez, además de ser conocido como el ?Gallego?, es Delegado Fútbol Amateur de las Categorías mayores y Reserva. Y como tantos otros hombres que anidan en la cantera fortinera, su función es acompañar a los chicos que sábado a sábado tejen sus sueños de triunfar en primera. El Gallego, define sintéticamente lo que siente al colaborar desde hace 40 años con el departamento que más satisfacciones le ha redituado a la Institución. ?Para mi esto es mi vida entera, además de mis hijas, Vélez me dio todo y siento un orgullo enorme de poder ayudar en lo que las inferiores necesiten?. Sentencia de un enamorado por sus colores a quien recuerdan todos los jugadores. Desde Christian Bassedas hasta Emanuel Olivera.

La hermosa banda de los Delegados y colaboradores del Fútbol Amateur del Fortín. Juntos, conforman un gran equipo.

?Toda una vida dedicada a Vélez?. Una frase que es muy común escuchar en la voz de cualquier hincha fanático, esos que entienden que al tiempo bien empleado no hay nada como un amor correspondido y certificado, mínimamente, con un carnet de vitalicio. Roberto Martínez, además de ser conocido como el ?Gallego?, es Delegado Fútbol Amateur de las Categorías mayores y Reserva. Y como tantos otros hombres que anidan en la cantera fortinera, su función es acompañar a los chicos que sábado a sábado tejen sus sueños de triunfar en primera. El Gallego, define sintéticamente lo que siente al colaborar desde hace 40 años con el departamento que más satisfacciones le ha redituado a la Institución. ?Para mi esto es mi vida entera, además de mis hijas, Vélez me dio todo y siento un orgullo enorme de poder ayudar en lo que las inferiores necesiten?. Sentencia de un enamorado por sus colores a quien recuerdan todos los jugadores. Desde Christian Bassedas hasta Emanuel Olivera.

 

Un Delegado tiene como principal precepto estar disponible mínimamente el día que la División, a la cuál representan, juegue su partido. Son los primeros en llegar al club un rato antes que el micro que traslada a los jugadores parta a la Villa Olímpica o al lugar donde se dispute el cotejo si es de visitante. Un vez arribados a destino, se encargan de recolectar las firmas y los DNI de los chicos en la planilla de partido y tienen trato directo con los árbitros, aunque más de una vez, les han recordado sus fallos erróneos para con los jugadores del Fortín. Cuando culmina la jornada, reparten las viandas para que cada infanto juvenil tenga su sándwich y gaseosa correspondiente. Y existe un plus para que la tarea no sea pura burocracia. Muchas veces los Delegados actúan como un factor contenedor de los casi 200 pibes que tiene el Fútbol Amateur, muchos de ellos alojados en la Pensión del club y lejos de su familia. ?Los chicos a veces te escuchan más que al Técnico y esa es una de nuestra principales funciones. Cuando Iván Obolo estaba en Inferiores, vivía en la pensión y me contaba sus problemas que a veces tenía con sus padres; yo le decía que pusiera todo porque iba a llegar a primera pero se deprimía y todo le costaba. Cuando trajeron a ?Carucha? Muller, más todavía. Y me decía, ?ves, ahora trajeron a este?. Trataba de convencerlo que era joven y tendría su chance. Al tiempo debutó en primera y me regaló su camiseta. Fue un gesto invalorable y que nunca olvidaré; volvíamos en el micro desde Rosario y yo aferrado a su regalo, me emocioné mal y es el día de hoy que lo recuerdo y me sigo emocionando?, cuenta Néstor Rubén Carrasco, quien colabora en el club desde el año 1992. Pasión por su trabajo, sin lugar a dudas.

 

Desempeñando la misma tarea, Luciano Cipolla y Rodolfo ?Coco? Stagnaro (quien además se distribuye entre las Inferiores y Viajes y Turismo), recolectan de su paso por Vélez historias similares. Los dos son muy buenos tipos, solícitos para lo que manden, del Fortín hasta la médula y conocen secretos invalorables de los pibes. Por eso, si algún día un hincha se extralimita con gritos hacia un jugador nacido en el club, y si ellos están cerca de quien comete ese improperio en la tribuna o en la platea, con respeto le explican que así las cosa no es porque son militantes de ?los pibes del club?, muchos de esos que nos sacaron de pobres en los años 90 y hoy son motivo de orgullo y envidia del resto. De igual forma, Walter Castrillón, quien además de ser Delegado de las mayores, tiene a su hijo Sebastián jugando en la Quinta. ?Nunca me metí con un técnico por si mi hijo jugaba o no, él está en Vélez y esto es el mejor lugar para que crezca y yo respeto a todo el mundo?, comenta Walter, otro de los colaboradores ad honorem que tiene el área.

 

Son hombres con familia y con trabajos a los que le quitan horas para invertirlos en Vélez. Algún reproche siempre hay por parte de sus afectos más cercanos si un sábado o un domingo no están con ellos. Pero juegan los pibes y su tiempo se detiene a la hora de arremangarse y dar una mano. Similar tarea desarrollan en Infantiles (ya nos ocuparemos de ellos en otro apartado) Pablo Sureda, Sergio Fuentes, Walter Leal y Ruben Schernetzki, nobles personas que honran su tarea de colaborar de alguna forma en la educación de los más chicos.

 

Y se chicanean entre ellos. Se cargan y es un placer verlos disfrutar de su tarea. ?Que sos mufa, que la otra vez llegaste tarde, que yo tengo más Categorías campeonas que vos?, cualquier excusa es pertinente para hacer encabronar al otro, cual si fueran los mismos chicos que ellos constantemente están auxiliando. Pero una risa cómplice y un abrazo, todo lo relaja. Porque como dice Carrasco y coinciden al unísono el resto, ?yo a mis compañeros los considero hermanos porque compartimos un amor en común que es Vélez, por eso pregono la unión de todos. Muchas veces me desperté de noche y decía que sueño este de estar en Vélez para servirlo en lo que sea?.

 

Los pibes y nosotros, agradecidos de por vida.

 

Diego Luis Guitian